Letrero de Metro de Madrid cubierto de nieve

Te dejo Madrid

Madrid, la ciudad a la cual realicé mi primer viaje en avión, y desde donde inicié mi primer viaje por múltiples países…
Madrid, la ciudad en la que aprendí a disfrutar de los museos y otras oportunidades culturales…
Madrid, la ciudad que me enseñó a adorar el fútbol y el jamón serrano…
Madrid, la ciudad donde vi por primera vez las hojas caer en otoño y los copos de nieve en invierno…
Madrid, la ciudad en la que conocí mi primer metro, en la que aprendí cómo funciona, y cuyo conocimiento ahora me lleva a emigrar nuevamente…

Letrero de Metro de Madrid cubierto de nieve
Letrero de Metro de Madrid

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¡Felices 30 para mí!

¡Feliz cumpleaños!
© laihiuyeung ryanne - CC BY 2.0

No, no es el perro viajante el que cumple treinta de nada, soy yo el que llega a la trigésima década de vida.  El blog, por su parte, ayer cumplió su primer medio año, puesto que nuestra primera entrada fue publicada el 16 de febrero.  Supongo que hoy celebraremos ambas cosas.

Todavía no he experimentado la crisis de los treinta, no sé si tendré que esperar un poco más para ello.  La verdad es que siempre he vivido sin tener metas a largo plazo, con lo cual no tenía entre mis planes de vida ser propietario de una casa o un auto deportivo al cumplir esta edad, o tener una cantidad específica de hijos.  Creo que por ello he vivido tranquilo, disfrutando de las oportunidades que me daba la vida; nunca pensé que a los treinta años habría visitado ya más de treinta países, pero cuando el destino pasó a mi lado y me ofreció subir a su tuk-tuk para conocer el mundo, no lo dudé.

Sí, estoy contento con mi vida.  No soy perfecto, he cometido muchísimos errores, algunos de los cuales me sigo arrepintiendo, pero creo que cada uno de ellos me ha hecho aprender y ha moldeado mi forma de ser.  Puede que en lo material no tenga mucho, pero he crecido mucho como persona.  No sé si seguiré planteándome la vida de la misma manera, puesto que ya llega el momento de pensar en tener una familia, y eso cambia mucho las cosas, pero espero que, dentro de diez años, siga teniendo el mismo optimismo y energía que tengo hoy.

De momento, una meta a largo plazo que me he planteado es acumular todas las millas posibles en mi programa de viajero frecuente para canjearlas por dos viajes alrededor del mundo en viaje ejecutiva.  Natalie y yo ya hemos conversado sobre posibles itinerarios y tenemos claro que Australia, Asia y África estarán de alguna manera en el mismo, y luego nos tocará decidir qué parte de América visitaremos.  Posiblemente Panamá, para dejar a los niños bajo el cuidado de los abuelos durante el tiempo que dure nuestro viaje.  😉

Varias imágenes de la serie de cómics de animales viajantes

El compinche felino del perro viajante

La semana pasada compartí el cómic que inspiró el nombre del blog: el perro viajante, una historia que dibujé en 1988, cuando tenía seis añitos.  Prometí publicar otros cómics de la serie de animales viajantes de aquella época.  Pues bien, aquí está el segundo de la serie: el gato viajante.  Como pronto verán, el guión es muy similar, aunque según mi madre, esto es estilo Charlie Chaplin, a lo mudo.  No sé exactamente por qué la portada reza «5 cuentos», pues mi cuenta solo llega a uno.  ¿Será que tenía planeado escribir los otros episodios luego, cuando tuvieran éxito mis primeras historias, a lo George Lucas?  Que conste que a esa edad ya había visto la trilogía de Star Wars, y ya eran mis películas favoritas…

También es curioso y gracioso el índice en la última página.  Supongo que ayuda a comprender qué significa cada viñeta, aunque también es útil conocer la historia del perro viajante.

Portada del cómic del gato viajante
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Varias imágenes de la serie de cómics de animales viajantes

El perro que viajó a la luna y regresó con nuevos amigos

En la primera entrada del blog expliqué el origen del nombre «El perro viajante».  Para resumirlo, es un personaje que crée cuando tenía seis años, cuyo cómic mi madre guardó como un tesoro.  Varios lectores han pedido ver la historieta del perro viajante, y aunque eso estaba dentro de los planes para la presentación del blog, no fue hasta hace poco que mi madre la encontró en sus archivos y me la envió escaneada.  Al recibir su email y mirar las imágenes, no pude parar de reírme, y Natalie pronto se unió a las risas.  Vaya dibujos y qué gran guión.  Pero eh, que tenía solamente seis años, no se me podía pedir que crease el nuevo Batman.  De hecho, justamente por eso se llama el perro viajante y no el perro viajero, pues no creo que tuviese muy claro que la palabra que se usa más es viajero…

Para el deleite de todos, aquí comparto la primera historia de la serie de animales viajantes: el perro viajante original.

Portada del cómic del perro viajante
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Eligiendo profesión

Permítame presentarle al perro viajante

Una de las partes más difíciles al empezar cualquier proyecto es ponerle nombre al mismo.  A menos que seas un genio de la creatividad, encontrar un nombre llamativo, sencillo y que transmita fácilmente el significado de tu iniciativa es muy complicado.  Por ello, cuando mi esposa Natalie y yo empezamos a planear este blog, una de las primeras cosas en la que nos enfocamos fue en el nombre que le pondríamos.  Durante varios días le dimos vueltas al asunto, sugiriendo nombres, preguntando a nuestros amigos qué les parecían y eliminando varios de ellos de la lista, hasta que al final nos decidimos por «El perro viajante».  Un nombre un poco raro, ¿no?  Bueno, supongo que lo indicado sería iniciar el blog explicando el origen de este nombre.

Primero, un poco de información sobre mí.  Me llamo Carlos, soy un ingeniero en electrónica y comunicaciones, y soy panameño de nacimiento.  Cuando tenía seis años, por allá por el año 1987, mi madre obtuvo una beca para realizar sus estudios de doctorado en España y me mudé con toda mi familia a Madrid.

Eligiendo profesión
¡Qué lápiz tan bonito!

Dicen que los primeros años de la vida de una persona marcan su personalidad y que se ven claramente indicios de lo que será en el futuro; por ejemplo, hay una tradición en la cual a un niño de poca edad se le presenta un plato con varios objetos y el primer objeto que elija indicará su profesión futura.  Yo obviamente tomé un lápiz y un par de décadas después cumplí el vaticinio, convirtiéndome en ingeniero.  Está claro que el hecho de que mis padres fueran de áreas científicas (mi madre bióloga y mi padre ingeniero metalúrgico) tiene poca relevancia. 😉 Seguir leyendo «Permítame presentarle al perro viajante»