Casas azules en la medina de Chefchaouen, Marruecos

Fotos de la semana Nº 43, 2013: el azul pastel de Chauen

La primera ciudad que conocí de Marruecos fue Chefchaouen, llamada Chauen en español.  Había visto fotos de una compañera de clase de francés, y los intensos tonos azules de su medina llamaron mi atención, así que tenía claro que quería pasar por allí cuando empecé a planificar ese viaje.  El hecho de que estuviera cerca del aeropuerto de Tánger, al cual nos saldría más barato volar, era además muy conveniente.

Si de por sí explorar las medinas marroquíes es un placer, en una con estos colores lo es aún más.  Esta paleta de colores además es muy relajante, lo cual hace al paseo muy agradable.  Es una medina pequeña, así que es fácil de navegar, y por si fuera poco, Chefchaouen no es una ciudad tan turística como Fez o Marrakech, así que es bastante tranquila.

En nuestro viaje, Chefchaouen se destacó además por la excelente calidad de su comida.  El desayuno que disfrutamos en un restaurante de la plaza central de la medina fue probablemente el mejor que comimos en todo nuestro viaje.  Natalie todavía recuerda el exquisito pan y la mermelada casera que nos sirvieron.

Si estás pensando visitar el norte de Marruecos, definitivamente te recomiendo que hagas una parada en Chefchaouen, la Perla Azul.

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Caracoles vivos a la venta en la medina de Fez, Marruecos

Fotos de la semana Nº 30, 2013: la mágica medina de Fez

Marruecos es un país que me gusta mucho visitar, por su comida, su gran cantidad de monumentos, y sobre todo, porque su cultura es muy distinta de aquella a la que estoy acostumbrado (la misma razón por la que me encanta visitar Asia).

De los sitios que he visitado en este país, uno de los que más me ha gustado fue Fez, una de las antiguas capitales de Marruecos, y de hecho, la que por más tiempo ostentó este título. Lo que me fascinó de Fez no fueron los colores de sus casas, como en Chauen. Tampoco fueron sus plazas y madrazas, como en Marrakech. Ni lo fueron sus palacios y gigantescos establos reales, como en Mequinez. Muchos menos sus vistas del estrecho de Gibraltar, como en Tánger. No, puede que Fez no sea una ciudad tan fotogénica como otras que he visitado en Marruecos, pero lo compensa con autenticidad. Su medina, el antiguo barrio medieval amurallado, es un gran laberinto formado por una infinidad de estrechas calles y edificios detrás de los cuales uno no tiene idea de qué se puede estar cociendo. Por ello, uno de los oficios lucrativos en esta zona es servir de guía a turistas confundidos que no logran salir de la medina o que tal vez buscan un punto en particular, como el barrio de los curtidores de cuero.

Justamente, uno de los encantos de la medina de Fez es el hecho de que en ella los artesanos realizan su faena agrupados en barrios dedicados a cada oficio, como en la edad media.  Algunos de ellos, utilizando métodos tradicionales, tal y como hacen los curtidores, quienes siguen haciendo su trabajo de forma manual, por ejemplo, poniendo ellos mismos los cueros en los pozos de tintes.  Entrar en la medina de Fez fue para mí como viajar en el tiempo, y eso fue precisamente lo que me fascinó.

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Tánger desde la terraza de la Tangerina

Conociendo Marruecos: Tánger

La última parte de nuestra aventura marroquí nos llevó a la norteña ciudad de Tánger. Por su cercanía a España y los lazos que los unieron, muchísima gente habla español y para mi deleite, además de poder contemplar el mar, la deliciosa brisa marina hacía que las temperaturas fueran mucho más suaves y agradables que en Meknès o Moulay Idriss.

Ventana al mar - Tánger, Marruecos
Ventana al mar en Tánger, Marruecos

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