Playa Huertas e Isla Drake, bahía de Portobelo, Panamá

Guía de playas cercanas a la ciudad de Panamá

Panamá, un estrecho istmo donde el océano Pacífico se encuentra a unos 100 km del mar Caribe, tiene playas para todos los gustos. Lamentablemente, la capital no tiene playas urbanas, debido a la gran polución que existe en la bahía de Panamá. Afortunadamente, se está llevando un proyecto de saneamiento de la bahía, con el que en unas décadas se podrá disfrutar de la playa en la ciudad. Mientras tanto, aquí tienes algunas ideas de playas para conocer durante tu visita a Panamá.

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Terminal de autobuses de Albrook, Panamá

Cómo llegar a los hoteles de Playa Blanca en transporte público

Cerca del pueblo panameño de Río Hato, en la provincia de Coclé, hay varias playas como Farallón o Playa Blanca, reconocidas porque en las mismas se desarrollaron varios proyectos de hoteles, muchos de ellos de modalidad todo incluido, como el Decameron, o el Sheraton Bijao. La lista de grandes hoteles de la zona es la siguiente:

Es común que los visitantes extranjeros adquieran un paquete vacacional completo que incluye los traslados desde la ciudad de Panamá hasta esta zona de playas, pero también hay personas que prefieren ahorrar algo de dinero en el traslado. Por ello, he aquí una guía de cómo llegar a los hoteles cercanos a Río Hato en transporte público desde la ciudad de Panamá.

1. Terminal de autobuses de Albrook
Terminal de autobuses de Albrook, Panamá
Terminal de autobuses de Albrook

El primer paso es llegar a la terminal de autobuses de Albrook, desde donde salen todos los autobuses interurbanos de la ciudad de Panamá. Si tu idea es ir desde uno de los aeropuertos a algún hotel de la zona de Playa Blanca, lo primero es trasladarte a la terminal de Albrook. Si tu vuelo llega al aeropuerto principal de Panamá, el aeropuerto de Tocumen, puedes encontrar más información en este artículo. Si vuelas al aeropuerto de Panamá Pacífico, la información correspondiente está en este artículo. Desde otros puntos de la capital, lo más fácil para llegar a la terminal de Albrook es tomar el metro si tienes una estación cerca, o un taxi. Normalmente, los taxis no deberían cobrar más de 5 USD, e incluso deberían costar entre 2 y 3 USD en la mayoría de los casos. Otra opción es tomar cualquier autobús de ruta Albrook. Ojo, que para tomar el metro o los autobuses, es necesario tener una tarjeta de transporte prepagada. La misma la puedes comprar en cualquier estación de metro, mas no así en las paradas de buses.

2. Bus a Coclé
Mostradores de venta de rutas de buses a la provincia de Coclé, Panamá
Mostradores de venta de rutas de buses a Coclé

Una vez en la terminal de Albrook, debes comprar un viaje en bus hacia Río Hato y pueblos cercanos. Mi recomendación es que te acerques a los mostradores de venta B23 (Antón), B24 (Penonomé), B25 (El Copé) y B26 (Aguadulce). Todas estas rutas pasan por Río Hato y en estos mostradores puedes obtener más información; por ejemplo, cuál de ellas tiene el bus que va a salir más pronto. En todo caso, seguro que si preguntas a la gente en la terminal por qué bus debes tomar, alguien te podrá ayudar. El viaje de ida cuesta aproximadamente 4 USD. Una vez que lo hayas comprado, debes dirigirte a la zona de embarque, donde debes pasar por unos torniquetes, pagando 0.10 USD en los mismos. Esto lo tienes que pagar con la tarjeta RapidPass, que la puedes comprar allí mismo en la terminal, o le puedes pedir a alguien que la pase por ti y pagarle los 10 centavos en metálico. Las tarjetas de Metro y Metrobus no funcionan en estos torniquetes.

3. La carretera interamericana

Una vez en el autobús, solamente queda esperar a llegar a Río Hato y alrededores. Este viaje tarda aproximadamente 2 horas. Puedes conversar con el conductor y comentarle a qué hotel vas y pedirle que te avise cuando lleguen a la parada apropiada y que te aconseje sobre la mejor forma de llegar a tu hotel una vez que te bajes del bus. Hay básicamente dos opciones: tomar un taxi o caminar desde la carretera interamericana hasta tu hotel. En caso de tomar un taxi, probablemente lo más fácil sería bajarse del autobús en el pueblo de Río Hato y buscar un taxi allí, porque creo que no suelen haber taxis esperando en las paradas en la carretera misma. También podrías llamar a tu hotel y pedirles un servicio de traslado que te busque en la carretera. Algunos de los hoteles tienen calles de acceso que no son tan largas y se pueden caminar; por ejemplo, el Decameron está a unos 2km de la interamericana, pero ten en cuenta que esto significa caminar por calles que no se diseñaron para peatones y que es una caminata sin resguardo del sol, así que si el día está muy caliente, o si llevas mucho equipaje, probablemente no es una opción cómoda.

4. El regreso

Volver es mucho más sencillo, ya que en el hotel te pueden llamar un taxi o coordinar un servicio de transporte para llevarte a la parada de buses en la carretera interamericana. De allí, son los mismos pasos en orden opuesto. Primero un bus a ciudad de Panamá. En este caso te vale cualquiera que vaya hacia Panamá, incluso uno que venga de la frontera con Costa Rica. Con eso llegarás a la terminal de Albrook y ahí tendrás que tomar el metro, un bus o un taxi para llegar a tu destino final.

Espero que este artículo te haya sido útil para planificar tu viaje a Panamá. Si quieres leer más sobre este pequeño país centroamericano, revisa nuestros archivos sobre Panamá, y si tienes alguna pregunta sobre este tema, no dudes en contactarnos.

Carroza nocturna en Carnavales de Las Tablas, Panamá

Caribeando y carnavaleando en Panamá

Hemos estado algo desaparecidos del blog y de las redes sociales por varias semanas. ¿La razón? Tres de nuestros amigos de Europa vinieron a pasar algunos días con nosotros, dos de ellos repitiendo visita tras haber venido en el 2014. Parece que les gusta Panamá. 🙂

La visita se dividió en varias etapas. Evidentemente, Jürgen, nuestro amigo belga, quien pisaba el istmo por primera vez, tenía que conocer el célebre Canal de Panamá. Kevin, el francés, y Frank, el holandés, ya lo conocían, así que tuvimos que buscar alguna manera interesante de hacerles volver. Por suerte, mi madre trabaja en el canal y tras mucho esfuerzo por su parte, conseguimos unas visitas internas al proyecto de ampliación del canal en el Pacífico y a las esclusas de Miraflores. Yo trabajé por poco menos de un año en estas esclusas y hacía más de una decada que no las visitaba, así que fue bastante agradable volver a ellas y ver parte del proyecto en el que yo trabajé en aquella época.

Vista de las esclusas de Miraflores desde el edificio de control, Canal de Panamá
La vista del canal desde el edificio de control de las esclusas de Miraflores

Tras visitar algunas otras atracciones de la capital, como el Casco Antiguo, nos dirigimos al archipiélago de San Blas, o comarca de Guna Yala, uno de mis lugares favoritos en el mundo. El hecho de que sea una comarca indígena donde no se puede llevar a cabo ninguna explotación comercial sin autorización de los nativos significa que los cientos de islas de este archipiélago están sin explotar por megaresorts, siendo los típicos paraísos caribeños que aparecen en un sinfín de postales. Para esta ocasión, decidimos contratar el servicio de un velero, donde dormimos y comimos, en lugar de quedarnos en un hotel. Fue una experiencia fantástica. Es algo completamente distinto a visitar San Blas y desplazarse en pequeñas lanchas. Es mucho más tranquilo y relajado, y el hecho de poder volver de las playas o de hacer snorkel e ir directamente a la cubierta del velero a tomarnos una cerveza o un refresco es una de las cosas más fantásticas que he hecho en un viaje al mar. Los chicos del velero Cinco, con quienes hicimos el viaje, son una estupenda pareja con historias muy interesantes que contar y excelente mano para la cocina. Todos quedamos entusiasmados y nos la pasamos hablando de cuándo repetiríamos este viaje.

Navegando en un velero en el archipiélago de San Blas, Panamá
Qué vida tan dura…
Mojito en un velero en el Caribe
…muy dura, sí señor.

Tras aceptar a regañadientes que había que dejar el Caribe atrás, nos dirigimos al interior del país, a la capital de la provincia de Los Santos, Las Tablas, cuna de la mayor fiesta de Carnavales del país, donde se guardan con cuidado y amor las mayores tradiciones de esta celebración. Durante los Carnavales, el pueblo se divide en dos bandos, separados por el parque central: Calle Arriba y Calle Abajo. Cada lado dedica todo el año anterior a preparar la mejor fiesta posible, con un gran número de carrozas alegóricas, complejos disfraces, la banda de música más alegre y los espectáculos pirotécnicos más exagerados. La vistosidad de estos Carnavales no tiene rival en Panamá, aunque claro está, son los más concurridos y a veces es un poco abrumador estar en un espacio tan reducido. Las Tablas es, a fin de cuentas, una población de poco menos de treinta mil habitantes que durante los Carnavales llega a albergar hasta cien mil almas. Pero para el que puede soportar algo de hacinamiento, hay muchas recompensas folclóricas.

Carroza en los culecos, o fiesta diurna, de los Carnavales de Las Tablas, Panamá
Carroza de Calle Arriba durante los culecos o fiesta diurna
Carroza nocturna en Carnavales de Las Tablas, Panamá
Carroza nocturna de Calle Abajo
La reina de Calle Arriba de Las Tablas en el 2015
La reina de Calle Arriba de Las Tablas

Tras un itinerario tan complicado, ahora estamos disfrutando de unos días a solas tras la partida de nuestros amigos. Sin embargo, en cierta forma, los extrañamos. Nos encanta recibir visitas y mostrarles nuestro maravilloso país. Hasta el momento, todos parecen haber quedado encantados y con ganas de volver una vez más. No creo que nuestros amigos quieran repetir el Carnaval de Las Tablas, pero seguro que no rechazan un viaje más largo navegando por las islas de San Blas. 🙂

La playa de Orzán en La Coruña, España, en llamas durante la fiesta San Juan

Aserrín, aserrán, los maderos de San Juan…

La playa comenzó a iluminarse. La temperatura, que había bajado considerablemente al desaparecer el sol, aumentaba cada vez más, al punto de que la cazadora que apenas hacía unos minutos sentía que me abrigaba cómodamente, ahora me asfixiaba. Sentía un intenso fogaje en la cara, por donde rápidamente empezaron a correr copiosas gotas de sudor. Había llegado la medianoche, era el comienzo del día de San Juan, un momento mágico en el que, según las tradiciones gallegas, se ahuyenta a las meigas y brujas con el fuego purificador de las hogueras. Mismo fuego con el que se quema el pasado, personificado en cualquier trozo de madera vieja, aunque algunas personas son más específicos y llevan recuerdos del ayer, como los cuadernos del colegio.

La playa de Orzán en La Coruña, España, en llamas durante la fiesta San Juan
Las llamas se apoderan de la playa en la fiesta de San Juan

Tal vez era el pasado lo que me había llevado hasta allí, aquella conexión con Galicia, herencia de mis bisabuelos, quienes emigraron hacia el nuevo mundo en la primera mitad del siglo pasado. Tal vez sería el encanto de una meiga, aquellos seres mágicos de la mitología celta con características similares a las brujas. En siete años que llevo viviendo en España, nunca me había planteado asistir a una fiesta de San Juan, aun conociendo la gran reputación de varias de estas celebraciones. Este año no iba a ser distinto. Pero un día le pregunté a una amiga que vive en La Coruña qué haría para su cumpleaños (22 de junio) y me dijo que no se movería de allí, puesto que coincidía con la fiesta de San Juan. Tras haberlo esquivado por mucho tiempo, el gusanillo de la curiosidad me picó y decidí experimentar por cuenta propia las famosas hogueras.

Hoguera en la playa de Orzán durante las fiestas de San Juan en La Coruña, España
El fuego tiene algo que nos fascina a los humanos

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La playa Ke'e, en Kauai, la isla jardín del archipiélago de Hawaii, EE.UU.

Fotos de la semana Nº 2, enero 2012

Este fin de semana fue tranquilito para mí.  Como el próximo iré a Bilbao con Natalie para ver Alegría, un espectáculo de Cirque du Soleil, me quedé en casa, adelantando algunos proyectos personales.  Además, como salió el sol por primera vez desde que regresé a la Borgoña, ayer me fui a dar una vuelta por Chalon-sur-Saône y volví a visitar el museo Nicéphore Niépce de la fotografía.  Para mi sorpresa, han abierto algunas salas de exposiciones temporales, las cuales estaban en obras la última vez que fui, así que pasé un buen rato disfrutándolas.

Es temporada de invierno en el hemisferio norte, por lo que la semana antepasada compartimos fotos nevadas en el Twitter del perro viajante.  Para todos nuestros amigos del hemisferio sur, o para aquellos que ya están deseando que finalice el frío para poder disfrutar del sol en la costa, el tema de la semana pasada fueron las playas.  La verdad es que, estando ahora mismo abrigado dentro de casa, a mí también me dan ganas de estar en los lugares inmortalizados en estas fotos…

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