El problema del respeto en Panamá

Esta mañana, mientras esperaba a que el empleado de la caja de una gasolinera terminara de preparar una factura para otro cliente para que me atendiese, un individuo se acercó a la caja, ubicándose justo enfrente del cajero, como para que se diese cuenta de que estaba ahí, esperando.  Se le notaba cierta impaciencia, e inmediatamente supe que intentaría colarse.

Tras esperar unos cuantos segundos, se inclinó hacia el empleado y le dijo —30 dólares en la dos.  Yo le indiqué, respetuosamente, que estaba primero en la fila, a lo cual me contestó en mal tono que solamente lo había dicho para que el cajero lo supiera.  Le respondí que aún así, yo estaba primero en la fila.

Lo siguiente que hizo fue preguntarme si yo ya había echado gasolina a mi auto, y como le respondí que no, triunfalmente me contestó que él sí, como si eso cambiase algo, con lo cual seguí con mi posición: yo estaba en la fila primero.  Haciendo gestos de disgusto mientras decía cosas restando importancia a mis palabras, me dejó entender que me había comprendido pero que no estaba de acuerdo con mis actos.  Como yo estaba esperando y no tenía más nada que hacer, y me sentía bastante molesto, simplemente me quedé mirando a este irrespetuoso a la cara, mientras él esquivaba mi mirada.  Cada vez que me veía mirándole, hacía más gestos y muecas de disgusto, claramente incómodo con mi mirada, hasta que finalmente dejó de ignorarme y habló.
—¿Entonces, qué pasó? —dijo de una manera bastante agresiva.
—No pasa nada —le respondí, mientras seguía fijando mi mirada sobre él.
—¡Yo estoy tranquilo!
—Yo también estoy tranquilo. Seguir leyendo «El problema del respeto en Panamá»