Un fósil de un tigre dientes de sable en el museo George C. Page, La Brea Tar Pits, Los Ángeles, EE.UU.

En busca del diente de sable en La Brea Tar Pits

La Brea Tar Pits no es una de las atracciones más mencionadas de la ciudad de Los Ángeles, pero sí es una de las más interesantes y una excelente recomendación para todo el que viaje con niños. ¿A qué pequeñín no le encanta la paleontología? Todavía recuerdo cómo me sentí cuando vi mi primer fósil de dinosaurio en un museo y cómo estuve por meses en casa leyendo libros de dinosaurios, pidiendo comida con forma de dinosaurios, etc. Los fósiles de la megafauna del pasado, con aspectos monstruosos en muchos casos, son fascinantes, incluso para los adultos.

La suerte quiso que, unas semanas antes de que visitara Los Ángeles con mis hijos, en la escuela a la que asiste mi hijo mayor le contasen un relato llamado “Yu y diente de sable”, el cual trabajaron durante varias semanas. Ya había decidido llevar a mi pequeño a los pozos de asfalto de La Brea, ya que ante su pasión por los dinosaurios, pensé que le gustaría ver fósiles, si bien el cuento del diente de sable cayó como anillo al dedo, ya que los fósiles en La Brea son principalmente de la era glacial, con mamuts, tigres dientes de sable, mastodontes, etc.

Entrada al museo George C. Page en La Brea Tar Pits, Los Ángeles, California, EE.UU.
Museo George C. Page en La Brea Tar Pits

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Tunnel Log, un túnel excavado en el tronco de una secuoya muerta, Giant Sequoia National Park, California, EE.UU.

Los titanes de los bosques de California: las secuoyas gigantes

Desde muy joven he conocido de la existencia de las secuoyas gigantes en los EE.UU., pero para ser honestos, nunca se me había quedado guardada en la memoria su ubicación geográfica, a pesar de que estaban en mi lista de cosas por conocer.  Curiosamente, me topé con ellas sin siquiera buscarlo, un día en el que, tras haber contemplado el amanecer en uno de los cañones más grandes del mundo, el del río Colorado, decidimos recorrer unos mil kilómetros de un solo tirón para apreciar los árboles más grandes del mundo.  Nuestro apetito por visitar los parques nacionales del oeste estadounidense nos llevó a viajar durante la mayor parte del día para llegar por la noche al pueblo de Three Rivers, California, en las inmediaciones del Parque Nacional de las Secuoyas.

Contemplando una secuoya gigante, Parque Nacional de las Secuoyas, EE.UU.
Contemplando una secuoya gigante

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El punto de Zabriskie, en el Valle de la Muerte, California, EE.UU.

Derritiéndonos en el Valle de la Muerte: ¡a 46,6ºC!

Este blog no es mi primer intento de compartir las historias de mis viajes.  Para ser exactos, he escrito algunos relatos previos que envié por email a mis padres y amigos, y en algunas ocasiones los transcribí a un medio público en Internet, como Blogger o Facebook.  Es el caso de la crónica de un viaje que hice hace tres años por el oeste de los Estados Unidos con varios amigos del mundo de Magic.  Como éste es uno de los viajes más memorables que he hecho y ya tengo una estructura preparada sobre la cual puedo basarme para volver a contarlo, tenía en mente compartirlo en una de las primeras historias del blog, aunque mi deseo de pulirlo más hizo que se retrasase.

El viaje del que hablo ocurrió en mayo del 2008, unos días antes de un torneo profesional de Magic: The Gathering, el Pro Tour-Hollywood de la temporada de ese año.  En cinco días, un checo, un griego, un belga, un español y un panameño recorrieron más de 2.500 km a través de tres estados: California, Nevada y Arizona.  Sí, ya sé que el grupo parece salido de un chiste, y de hecho casi todo el que nos preguntaba de dónde éramos se quedaba sin palabras cuando le respondíamos.  No éramos una comisión de las Naciones Unidas, sino árbitros de Magic cuyo objetivo era hacer algo de turismo antes de arbitrar en el Pro Tour.  ¿O acaso el Pro Tour era una excusa para esta aventura?  La verdad es que yo no me decidí a ir hasta que los otros cuatro me contaron los planes del road trip a través del viejo oeste. Sigue leyendo “Derritiéndonos en el Valle de la Muerte: ¡a 46,6ºC!”