El misticismo de las cuevas Batu

Corría el cuarto día de nuestra visita a Kuala Lumpur, la capital de Malasia, y allí estábamos, de pie, dispuestos a abordar el autobús número 11, rumbo a la vecina provincia de Selangor.

Recuerdo la curiosidad y la expectación que sentía por llegar a nuestro destino y descubrir con mis propios ojos aquel sitio sagrado que había visto en tantas fotos y postales a lo largo de nuestro viaje, aquel santuario dedicado a Murugan, dios hinduista de la guerra, donde muchos creen reside y obra milagros a aquellos que lo visitan…un sitio llamado las Cuevas Batu.

Estatua al dios Murugan

Situada en una zona de rocas calizas que forman una serie de cavernas naturales de gran amplitud, las Cuevas Batu son uno de los 10 templos más importantes consagrados a esta deidad. Una imponente estatua dorada de 43m de altura que representa al dios, custodia la entrada al  complejo y a los 272 peldaños de la escalera que da acceso a la cueva principal, conocida como La Catedral o la Cueva del Templo, ubicada a casi 100m de altura sobre el nivel del suelo.

A priori, la subida a la cueva puede parecer muy larga, pero entre la marea de visitantes, las vistas del santuario y la compañía de los numerosos macacos que habitan el templo y que tratan de despojar a los turistas de comida, agua o cualquier cosa que esté a la vista, he de admitir que se hace muy amena.

Escalera de acceso a la cueva principal

Macacos, habitantes de las cuevas

Una vez dentro impresiona grandemente su bóveda rocosa de cerca de 100m de altura y sus paredes irregulares ornamentadas con pinturas y estatuas de diferentes deidades hinduistas que conforman múltiples santuarios donde se celebran ceremonias a diferentes horas del día y a las que se puede acceder libremente. Algo que me impresionó mucho fue la cantidad de murciélagos que revoloteaban libremente y que junto a los macacos y a otras pocas especies conforman la fauna propia de estas cuevas y que el consejo que las administra ha tenido a bien preservar.

La celebración más importante que se da en este complejo es el festival de Thaipusam, que se celebra entre los meses de enero y febrero y que reúne a cientos de miles de creyentes (y de curiosos) que recorren en procesión los 13km que separan el templo Sri Mahamariamman en el centro de Kuala Lumpur y las Cuevas Batu, portando sobre sus cabezas, manos u hombros recipientes llenos de leche como ofrenda al dios Murugan. Algunos devotos utilizan una especie de carro llamado kavadi, que adornan con flores y plumas de pavo real y que pueden llegar a medir 2m de altura y pesar cientos de kilogramos. Cada kavadi está provisto de varios cables terminados en ganchos que los devotos sujetan a la piel de su torso para tirar de él. La verdad, no me siento capaz de imaginarme en una situación similar, pero quienes participan aseguran que durante este proceso los devotos no sienten dolor, ni sangran. En cualquier caso, tanta tradición y fe deben crear una procesión digna de admirar y por la cual merece la pena volver.

 

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