Un paseo por isla Contadora

A unos pocos kilómetros de la ciudad de Panamá, en el golfo del mismo nombre, se encuentra el archipiélago de las Perlas, conformado por más de 100 islas e islotes. Sus aguas y playas son reconocidas a nivel mundial por su gran belleza y por la riqueza de su fauna marina. Contadora, que cuenta con tan solo 3km2, es una de las islas más conocidas de este archipiélago y recibió su nombre durante la época de la conquista, porque era el sitio donde se “contaban” las perlas que encontraban en este rico archipiélago antes de ser enviadas a España.

Disfrutando de las aguas del archipiélago de las Perlas

Durante los años setenta y ochenta del siglo pasado, se convirtió en un sitio muy popular entre políticos y personas con alto nivel adquisitivo estableciéndose en la isla numerosas casas y hoteles de lujo. Lastimosamente, poco a poco fue perdiendo su estatus y entró en un estado de abandono, siendo el mayor exponente de esta situación las ruinas del Hotel Contadora, otrora un resort con más de 300 habitaciones y unas instalaciones increíbles distribuidas por toda la extensión de playa Larga.

Las ruinas de Hotel Contadora

Más de las ruinas de Hotel Contadora

Barco encallado en playa Larga, propiedad del Hotel Contadora

Si bien es cierto que unas ruinas como estas no forman parte de la visión que yo tengo de un “paraíso tropical”, la verdad es que disfruté mucho de caminar por estas viejas instalaciones imaginando el lujo de antaño y hasta me sorprendí espiando entre los matorrales y escombros varios grupos de ñeques y venados que, debido al abandono de la zona, poco a poco han vuelto a convertir este, en su territorio.

Venados en las instalaciones del antiguo Hotel Contadora

Hoy en día, la isla cuenta con excelentes facilidades turísticas y una gran variedad de alojamientos, restaurantes y playas que vale la pena visitar en todos sus puntos cardinales.

El deck de nuestro hotel

Nosotros fuimos de visita a principios de septiembre, y aunque recorrerla y disfrutar de sus playas es una tarea prácticamente obligatoria, este no era el verdadero objetivo de nuestro viaje, sino participar de una actividad que atrae a miles de turistas nacionales y extranjeros entre los meses de julio y octubre: el avistamiento de ballenas jorobadas, que migran cada año a nuestras cálidas aguas en el océano Pacífico para aparearse y cuidar de sus crías lejos del frío invierno en el círculo polar antártico.

A pesar de que había múltiples opciones, decidimos unirnos para esta misión a un grupo organizado por la empresa Coral Dreams a cargo del capitán Guillermo Schüttke pues fue uno de los pocos que nos garantizó un avistamiento “responsable” de estos cetáceos.

No tuvimos que alejarnos mucho de la costa para empezar a ver ballenas. Divisamos varias parejas madre-cría que me hicieron saltar del asiento, soltar múltiples “wao” y quedarme boquiabierta por unos instantes. Es impresionante lo inmensas y lo juguetonas que son, la gracilidad con la que danzan en el agua mostrando su lomo, cómo “saludan” con su aleta pectoral e incluso su cierre triunfal antes de adentrarse en aguas más profundas al despedirse mostrando su cola. Lastimosamente no conseguimos ver los saltos que las hacen tan famosas, pero el espectáculo que nos brindaron fue simplemente impresionante.

A punto de partir hacia nuestra aventura marina

Lomo de una ballena jorobada

Ballena jorobada "saludando" con su aleta pectoral

Sólo hubo un toque agridulce en la experiencia. Entiendo que aquí en Panamá esta actividad no está regulada y cada vez hay más botes y menos ballenas que avistar por lo que una escena como la que me tocó ver no es rara: seis embarcaciones acechando a una madre y a su cría y arremetiendo a toda máquina hacia el sitio donde salían cada vez que se las veía asomarse a la superficie. Prácticamente las acorralaron contra una isla. El sentido común me dice que nadar a pocos metros de profundidad es altamente peligroso para un animal que puede llegar a medir 16 metros y pesar hasta 36 toneladas, pero parece que eso no era lo que pensaban los seis boteros y sus pasajeros.

Creo que si queremos seguir disfrutando de este espectáculo de la naturaleza y continuar explotando esta actividad económica, es necesario establecer regulaciones claras y concisas, hacer que se cumplan e inculcar en los lugareños el sentido de responsabilidad por la preservación y el cuidado de estos gigantes del mar que cada año nos honran con su visita y cuya presencia representa el sustento para muchas familias.

Cómo llegar:

Se puede llegar a isla Contadora por avión, partiendo del aeropuerto Marcos A. Gelabert (Aeropuerto de Albrook) con la compañía Air Panama y el vuelo dura entre 20 y 35 minutos dependiendo de si hay alguna parada de por medio en alguna isla.

La otra opción es viajar por ferry, para lo cual existen dos compañías y dos sitios de partida:

  • Sea Las Perlas, que parte todos los días a las 07:00hrs. del antiguo Club de Yates al principio de la calzada de Amador y regresa a las 15:00hrs. El recorrido demora 1 hora y 40 minutos.
  • Ferry Las Perlas, que parte del hotel Trump – Panamá a las 08:00hrs y volviendo a Panamá a las 15:30hrs. El recorrido demora 1 hora y 50 minutos.

2 comentarios sobre “Un paseo por isla Contadora

  1. Hola están súper interesante las entradas que he visitado, me gustaría saber el coste de viajar a la isla por Ferri las Perlas, a qué lugar me dirijo en primera instancia desde Vía Argentina al hotel Trump. Muchas gracias

    1. Hola José,
      La información del Ferry Las Perlas la puedes encontrar en su página web: https://www.ferrylasperlas.com
      Según su página, el precio de ida y vuelta a la mayoría de las islas es de 95 USD.
      Para llegar al Hotel Trump necesitas tomar el bus de ruta Punta Pacífica o Boulevard Pacífica (no sé qué nombre aparece en el letrero del bus). Puedes ver más información de esa ruta aquí:
      http://www.mibus.com.pa/punta-pacifica-via-brasil-estacion-via-argentina/

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