Tradiciones panameñas: las manos detrás de la máscara

Arcilla, trozos de papel periódico, engrudo, pintura, barniz. Se trata de “ingredientes” sencillos, pero que en manos talentosas se transforman en maravillas.  Esto fue lo que presenciamos unos días atrás, cuando en un arranque de espontaneidad, nos trasladamos a la Península de Azuero, para conocer de primera mano el proceso de creación y confección de las máscaras que utilizan los diablicos sucios y limpios en sus danzas.

¿Alguno se lo había planteado? Pues nosotros hace diez años definitivamente no, pero ahora, un poco más maduros y tras descubrir otras latitudes y empaparnos de sus culturas, nos dimos cuenta de que era hora de también despertar la curiosidad por las tradiciones y folclore de nuestro país; así es que con una guía de viajes en la mano y unos pocos contactos en la zona, emprendimos esta fascinante visita.

La primera parada del viaje fue en un portal abarrotado y bullicioso ubicado en una calle estrecha del corregimiento de Llano Bonito, en la ciudad de Chitré. Allí nos encontramos con José Gonzalez, maestro artesano con 20 años de experiencia en el mundo de la confección de máscaras, y anfitrión entusiasta y desprendido, deseoso de compartir con nosotros su destreza y su día a día en este negocio tan importante para la conservación de nuestras tradiciones.

Durante sus años mozos, José González se dedicó a la pesca y no fue hasta los 32 años que sintió la llamada del artesano y dio sus pinitos en este mundo.

José González posa junto a una de sus máscaras fuera de su taller
José González posa junto a una de sus máscaras fuera de su taller

Nada más cruzar el portal de la casa nos encontramos con decenas de máscaras “terroríficas” de todo tamaño; unas terminadas, otras a medio acabar que pululaban por el taller en el que junto a su pequeño ejército de 4 personas trabaja incesantemente José.

El proceso de creación de una máscara requiere un gran trabajo en equipo: una persona prepara el molde en arcilla, otra crea el cascarón de la máscara a base de capas de papel de periódico y engrudo, otro la pinta, otro talla afilados colmillos de goma-espuma; es decir, todos trabajan en armonioso conjunto y si el buen sol los acompaña, tras 6 días, la recompensa a su trabajo serán entre 5 y 6 máscaras listas para la venta.

En el taller de José González no solo se fabrican máscaras de diablicos, también las hacen de parrampanes y mojigangas
En el taller de José González no solo se fabrican máscaras de diablicos, también las hacen de parrampanes y mojigangas
Entre cuatro y cinco capas de papel periódico se colocan sobre el molde de arcilla para crear la máscara
Entre cuatro y cinco capas de papel de periódico se colocan sobre el molde de arcilla para crear la máscara
Colores estridetes, colmillos de goma-espuma y ojos saltones hechos con pelotas de ping pong
Colores estridentes, colmillos de goma-espuma y ojos saltones hechos con pelotas de ping pong

Los moldes de arcilla se reutilizan entre 15 y 20 veces, para abaratar costes por supuesto, pero el producto final nunca es igual, siempre se modifica algún detalle para que cada cliente tenga una máscara única.

Los moldes para crear las máscaras se hacen en arcilla
Los moldes para crear las máscaras se hacen en arcilla

En las paredes de la casa de José González se amontonan premios y reconocimientos que le han sido otorgados a nivel nacional. Ha aparecido también en portadas de revistas y recibe casi a diario visitas de turistas interesados en su arte y su trabajo. Gran recompensa para este apasionado de nuestro folclore.

Premios, reconocimientos y hasta salir en la portada de una revista son parte de la recompensa que recibe José González por su trabajo
Premios, reconocimientos y hasta salir en la portada de una revista son parte de la recompensa que recibe José González por su trabajo
Posando junto a dos espeluznantes máscaras sin terminar
Posando junto a dos espeluznantes máscaras sin terminar

El taller de José González no fue el único que visitamos ese fin de semana. Al dia siguiente nuestro itinerario nos llevó hasta el poblado de Parita, provincia de Herrera, donde en un pequeño portal junto a la abarrotería Chely  nos recibió Darío López, un hombre afable, sencillo y toda una eminencia en el arte de las máscaras, de cuya historia y arte también “hablaré”, aunque en la siguiente entrada. Hasta la próxima y gracias por leer sobre nuestras aventuras y experiencias.

8 comentarios sobre “Tradiciones panameñas: las manos detrás de la máscara

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  2. Muchas gracias por este escrito… Me gustó… Me gustaría ir a conocer a este genial artesano, José González.

  3. Que buen arte los felicito,me gustaría poderme comunicar con alguno de esos artistas,soy colombiano gracias por mostrarnos ese bello arte.

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