Viviendo Dalí en el Alt Empordà

Hace dos fines de semana, en un coche por la Autopista del Mediterráneo dirección a la localidad geronesa de Rosas, Carlos y yo iniciamos nuestra primera aventura daliniana. Tras un par de horas de camino, llegamos a nuestro destino, el Hotel Terraza, donde teníamos dos noches de alojamiento de cortesía gracias a la gestión de la oficina de turismo de Gerona/Costa Brava, quienes organizaron estadías gratuitas a los blogueros que asistieron a la reunión TBEX en Gerona la semana anterior, en la cual Carlos participó. La cosa pintaba bien, pues nos asignaron una habitación frente al mar, con instalaciones cómodas y el rugido de las olas para arrullarnos; nada mal para una estancia pensada para ser mitad relax y mitad aventura.

Sabíamos que el día siguiente iba a ser complicado para el turismo. El pronóstico del tiempo ya nos lo había advertido y ese mañana, el sol casi invisible, la lluvia y los relámpagos que iluminaban en la distancia nos sirvieron de recordatorio. Aun así, teníamos reserva para conocer la casa del famoso genio ampurdanés Salvador Dalí, así es que tras un desayuno generoso, nos pusimos manos a la obra y tomamos rumbo a Cadaqués, la ciudad donde residió gran parte de su vida.

Panorámica de Cadaqués, España
Cadaqués, hogar por muchos años de Salvador Dalí

No sin dificultad llegamos a las inmediaciones de la casa. El camino de Rosas a Cadaqués, si bien es de solamente 17 km, es sinuoso, atravesando montañas, y para nuestra suerte, tuvimos delante de nosotros un autobús en la mayor parte del trayecto, haciendo que tardásemos casi una hora en recorrerlo. Por si fuera poco, al llegar nos encontramos con lluvia y un viento que parecía que fuera a arrancar la puerta del automóvil en cuanto la abrimos. Finalmente, empapados de pies a cabeza, comenzamos la visita en la Casa-Museo Dalí, la cual por suerte empezaba en el interior de la vivienda.

Tras ver algunas de sus obras en museos o catálogos, yo esperaba encontrarme muebles y estancias extravagantes y de formas imposibles, es decir, una vida surrealista; y aunque es cierto que la bienvenida a la casa la daban un oso polar reconvertido en lámpara y una lechuza disecada, en general todo era original, funcional y acogedor, lo cual me hace pensar que en la intimidad de su hogar no era tan excéntrico como cabría pensar.

El recibidor del oso de la Casa-Museo Dalí
Un auténtico oso polar recibe a los visitantes

Su almacén de pinturas y un vestuario para las modelos eran la antesala a su estudio, cuyos elementos predominantes eran un gran ventanal que miraba al norte para recibir la mejor luz del día y un impresionante caballete de diseño propio, pensado para cambiar la posición de lienzos grandes y así pintar toda la superficie sin moverse de su butaca. Este mismo mecanismo, que gracias a una abertura en el suelo comunicaba con el vestíbulo, era el que utilizaba para sacar de la casa las obras de grandes dimensiones.

El estudio de la casa de Dalí en Portlligat, Cadaqués
Un estudio bien iluminado, imprescindible para un buen pintor
La silla y el caballete móvil de Dalí en su casa en Portlligat, Cadaqués
En este detalle se puede apreciar la ranura por la cual se bajaban las pinturas de grandes dimensiones

A pocos pasos del estudio nos encontramos con la habitación que compartía con su adorada Galatea. La guía de la visita nos comentó que les encantaba dormir con el sonido de los grillos, por lo cual tenían una pequeña jaula donde siempre guardaban uno. Dalí además era fanático de deleitarse con el alba, para lo cual dispuso un espejo inclinado hacia la ventana que le permitía desde la comodidad de su cama contemplar al astro rey salir por el horizonte, jactándose de ser el primer español en ver el sol cada día, por ser ésta la zona más al este de la península ibérica.

Habitación de Dalí y Gala en su antigua casa en Portlligat, Cadaqués
La habitación de Dalí y Gala
Una jaula para pájaros y una para grillos en la casa de Dalí en Portlligat, Cadaqués
En la esquina superior derecha, la jaula del grillo

Todos los artilugios y mecanismos que vimos dentro de la casa mostraban un gran ingenio, pero tenían una razón de ser, eran prácticos. No se trataba de cosas surreales, que, como expliqué antes, era lo que me esperaba. No, Dalí dejó eso para el exterior de su casa, para la parte visible a todo el mundo. Eso fue lo que notamos en la segunda parte de la visita, la cual era libre y se desarrollaba en los jardines y terrazas de la casa. Vuelvo y repito, el tiempo no nos acompañaba, pero aun así no perdimos la oportunidad de hacernos fotos con (y dentro) de algunos de los monumentos que su ingenio plantó aquí. Huevos enteros y eclosionados, caras partidas en dos, un gigante de hojalata, una piscina de forma intrigante y decoración alejada del estilo que habíamos encontrado en el interior de la casa formaban el entorno exterior.

El mar y uno de los huevos de la casa de Dalí en Portlligat, Cadaqués
Una de las vistas más famosas de la casa de Dalí, aunque no en el mejor tiempo
Gigante de escombros en el jardín de la Casa-Museo Dalí en Portlligat, Cadaqués
Un gigante hecho con escombros

La piscina era lo más llamativo, pues si bien dentro de la casa todo era bastante sobrio, para lo que esperábamos de Dalí, la decoración de la piscina era bastante extravagante, con algunas combinaciones que a mí realmente no me gustaron mucho. Pero eso nos hizo pensar, nuevamente, que si bien Dalí, como muchos genios, era excéntrico, lo era mucho más hacia el exterior, cuando estaba acompañado por el público. A fin de cuentas, seguro que en esta piscina era donde organizaba las grandes reuniones en su casa, mientras que al interior de la misma no accedía mucha gente.

La extravagante decoración de la piscina de la casa de Dalí en Portlligat, Cadaqués
Vaya, esto sí es extravagante

Un bonito momento se dio cuando nos hicimos la foto dentro del célebre huevo roto de la casa. Pensamos que tendríamos que volver en otro momento, en el cual nos acompañase un cielo añil, y le prometimos a nuestro pequeño hijo o hija que volveríamos los tres juntos unos años después para hacernos esa foto nuevamente, con él o ella fuera de mi vientre. 🙂

Dentro de un huevo en la Casa-Museo Dalí en Portlligat, Cadaqués
Nosotros tres dentro de uno de los huevos

Tras la visita decidimos volver a Rosas y tomarnos la tarde tranquila. Esa noche nos reuniríamos con unos amigos para cenar.

La reserva de hotel incluía el desayuno y la cena, con lo cual sugerimos a nuestros invitados echar un vistazo a la carta y decidir si cenar allí o fuera. Esa noche ofrecían un menú degustación con muy buena pinta y precio para visitantes, así es que los cuatro estuvimos de acuerdo en quedarnos a cenar. Nuestra sorpresa fue que cuando anunciamos al jefe de salón nuestra intención nos respondió con un NO rotundo. Dijo que en nuestra habitación nada más habían dos personas, por lo que nos tenían reservada una mesa para ese número y que eso no se podía cambiar. Todos nos quedamos “de piedra” sobre todo porque se trataba de un hotel de cuatro estrellas al cual estábamos llevando a dos personas que iban a gastar casi 100€. Yo comprendo que ya tenían todo planificado para un número determinado de personas y que esta adición de última hora tal vez rompía los esquemas, pero poner dos sillas más o decirnos que tendríamos que esperar un rato o al menos intentar darnos una explicación en un tono más amigable, no costaba nada. En fin, esa experiencia me dejó con un mal sabor de boca y pocas ganas de volver o de recomendar este hotel.

Al final no nos fue mal porque callejeando por la ciudad nos encontramos con un restaurante gallego muy bueno, en el cual no tuvieron reparos en darnos una “mesa para cuatro”.

El día siguiente amaneció mucho mejor, despejado y más fresco, con muchísima gente en bicicleta y viandantes llenando el paseo marítimo. Volvimos a disfrutar de un buen desayuno -y de mucha mejor atención que la noche anterior-, nos despedimos del hotel y desandamos los pasos del día anterior para ver una mucho más linda cara de Cadaqués.

Fachada de la Casa-Museo Dalí en Portlligat, Cadaqués
Ahora sí, la Casa-Museo Dalí con buen tiempo
Imitando a Dalí frente a su casa en Portlligat, Cadaqués
Imitando a Dalí frente a su casa

Tras disfrutar de las hermosas vistas del mar y hacer las fotos que nos eludieron la jornada anterior ante la casa de Salvador Dalí (pero no la de dentro del huevo de su jardín, volveremos por ella luego), subimos al auto para hacer una breve parada en Cap de Creus, el punto más oriental de la península Ibérica. Como todos los cabos que he visitado hasta ahora, este no decepcionó. Sus acantilados, el golpe de las olas en las rocas y las espectaculares vistas que brindan hicieron que mereciese la pena el desvío.

Disfrutando de la vista en el Cap de Creus, España
Disfrutando de la vista en el Cap de Creus
Vista del Cap de Creus
Otra preciosa vista

Una visita daliniana no podía estar completa sin pasar por su ciudad natal, Figueras y conocer el espectacular Teatro-Museo Dalí. Este museo, que Dalí diseñó en vida y que por elección propia se ubicó en las ruinas del antiguo Teatro Municipal, ofrece al visitante una combinación de espacios surrealistas y obras que estimulan la imaginación.

“¿Dónde si no en mi ciudad ha de perdurar lo más extravagante y sólido de mi obra, dónde si no?. El Teatro Municipal, lo que quedó de él, me pareció muy adecuado y por tres razones: la primera porque soy un pintor eminentemente teatral, la segunda porque el Teatro está justo delante de la iglesia en que fui bautizado, y la tercera porque fue precisamente en la sala del vestíbulo del Teatro donde expuse mi primera muestra de pintura.”

A mi gusto la parte más majestuosa del museo es su propio edificio, una especie de fortificación cuya terraza está decorada con pálidos huevos que contrastan con el rojo sangre de sus muros y las incrustaciones doradas que lo llenan. Una vez salvada la impresión de su exterior, nos recibieron los dos puntos más imponentes de todo el edificio: el patio central con sus estatuas doradas y su auto naval, un Cadillac negro interiormente bañado por las aguas de su propio microclima, y el antiguo escenario del teatro, que centra la mirada en el impresionante torso desnudo de la obra Laberinto y en la gran cúpula geodésica que baña de luz la estancia.

Fue una visita muy interesante, repleta de objetos inexplicables. Aquí, en el mayor objeto diseñado por Dalí para exponer al mundo, encontramos todo el surrealismo que tanto le gustaba mostrar. En su casa, el día anterior, pudimos ver una parte más íntima de él, mientras que aquí teníamos para contrastar esa imponente y extraña personalidad que lucía ante el mundo.

Exterior del Teatro-Museo Dalí, Figueras, España
Exterior del Teatro-Museo Dalí
Vestíbulo y cúpula geodésica del Teatro-Museo Dalí, Figueras, España
Vestíbulo y cúpula geodésica del Teatro-Museo Dalí
El lienzo Laberinto de Salvador Dalí, en el Teatro-Museo Dalí de Figueres, España
El enorme lienzo “Laberinto”

El fin de semana resultó corto para abarcar todo lo que hay que ver en la zona, pero sirvió para despertar nuestra curiosidad y por supuesto tener muchas ganas de volver, especialmente ahora que lo hemos prometido a nuestra personita especial.

8 comentarios sobre “Viviendo Dalí en el Alt Empordà

  1. Pues sí, no sé cómo habría sido la cena degustación en el Hotel, pero en la taberna gallega estuvo genial! Tendré que ir a visitar estos sitios que aún no conozco…

  2. Gracias, querida Natalie por este espectacular artículo, una excelente narración… simplemente, hermosa… al punto de comprimir el corazón y humedecer los ojos…

    1. ¡Muchas gracias! Me pone muy contenta que le haya gustado tanto.
      Tenemos que organizar una visita juntos porque la verdad es una experiencia inolvidable….y además lo prometimos a una personita especial =P
      Un beso.

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