El perro viajante

Mi día en el Palacio Ducal de Venecia

Cielo gris, aire cargado, brisa fría… Todo a mi alrededor auguraba una nueva jornada pasada por agua durante mis vacaciones en Venecia. Ya lo sé, ya lo sé, es lo que tiene visitar el norte de Italia durante el mes de abril…

He de decir que como enamorada confesa de los canales, callejones y puentes de este archipiélago del Véneto, mi plan no era pasar el último día de mi visita dentro de un edificio, sino explorando la cercana isla de Burano, famosa por sus canales y sus casas de colores brillantes. Sin embargo heme aquí, unas horas más tarde, mismo día, agradeciendo a la lluvia por permitirme descubrir otro de los “platos fuertes” que ofrece la Piazza San Marco: El Palacio Ducal (Palazzo dei Doge).

Este gigantesco edificio de estilo gótico tuvo desde sus orígenes múltiples y simultáneos usos: residencia del dogo, el magistrado supremo y máximo representante de la República Marítima de Venecia; sede del gobierno y de las cortes de justicia; y prisión de la ciudad.

El Palacio Ducal visto desde la terraza de la Basílica de San Marcos, Venecia, Italia

El Palacio Ducal visto desde la terraza de la Basílica de San Marcos

Al entrar a los predios del edificio, nos recibió un patio interior níveo, amplio y luminoso, donde sorprenden materiales, diseños y estilos arquitectónicos variados, muestra del crecimiento, los fallos estructurales, la destrucción del fuego y las anexiones que con el pasar de los años —y de los duques—, fue sufriendo el palacio. Me llamó la atención que una de esas expansiones unió la Basílica de San Marcos con el Palacio Ducal, convirtiéndola en la “capilla privada” del duque. ¡Vaya lujo!

Patio interior del Palacio Ducal de Venecia, Italia

Patio interior del Palacio Ducal de Venecia, Italia

La parte más imponente de este patio es la que sirve de entrada principal al palacio y que a través de la Puerta del Papel (Porta della Carta — llamada así porque en ella se pegaban todos los decretos oficiales) comunica la Plaza de San Marcos con la Escalera de los Gigantes (Scala dei Giganti), donde dos colosales estatuas de Marte y Neptuno, representando el poder veneciano por tierra y por mar, dan la bienvenida a los invitados especiales.

La verdad es que esta entrada, en la que uno se siente tan pequeño, por el tamaño de los elementos circundantes, cumplía a la perfección el deseo del Gran Consejo Veneciano que la mandó construir: demostrar poder, autoridad, grandeza y sobre todas las cosas, intimidar.

La Escalera del Gigante del Palacio Ducal de Venecia, Italia

La gran Escalera del Gigante recibe a los recién llegados a este palacio

Describir todas las salas del palacio me tomaría una eternidad, no sólo por el número sino porque a medida que nos adentrábamos en los apartamentos del duque y más tarde en las cámaras institucionales, cada sala era más grande, más imponente, más “demasiado” que la anterior. No es broma, yo terminé abrumada con toda la riqueza arquitectónica y artística que me rodeaba y sobre todo con el desmesurado deseo de los venecianos de mostrar la grandeza de su república, en general personificada como una portentosa rubia, altiva y cargada de confianza, sentada en su trono y a cuyos pies se rinden naturaleza, dioses y reyes. Sí, ¡así de grandes se veían y así de superiores se sentían!

Para abreviar, me limitaré a describir las dos salas a mi gusto más destacadas. La primera, la sala del escudo, es una habitación cubierta de mapas mostrando las más importantes rutas comerciales de la época y que constituían la base del poderío veneciano. Cada pared escondía un tesoro cartográfico diferente por lo que me entretuve durante mucho tiempo trasladando los límites y nombres antiguos al presente. Admito que no fue tarea fácil, pues la mayoría de los mapas estaban orientados de una forma “no convencional” y los continentes estaban trazados de manera extraña, pero me divertí fantaseando sobre nuevos destinos y soñando con nuevas aventuras…Samarcanda, la antigua Constantinopla… La ruta de la seda… ¡Me queda tanto por conocer!

La otra sala es la Cámara del Gran Consejo que con sus 53m de largo y 25m de ancho no solamente es la sala más grande del Palacio Ducal sino también la cámara más grande de toda Europa. Aquí tenían lugar las reuniones del cuerpo político más importante de la república formado por los miembros masculinos mayores de 25 años de las familias más antiguas de Venecia, sin distinción de estatus, mérito o riqueza; ¡toda una muestra de  equidad en el gobierno de la república!

Entre la decoración que desborda la sala destacan los retratos de los 76 primeros duques en los cuales cada uno sostiene un pergamino mostrando los logros más importantes de su mandato. La única excepción a esta regla es Marino Faliero, el duque que intentó un golpe de estado en 1355 y en cuyo sitio aparece simplemente una manta negra, símbolo de su traición.

Otro de los puntos destacados de esta sala es el mural de Il Paradiso, iniciado por Tintoretto y terminado por su hijo. Es el lienzo pintado más largo en el mundo, considerado por algunos más políticamente correcto que artístico y donde aparecen representados la mayoría de las figuras políticas relevantes de la época.

La Cámara del Gran Consejo del Palacio Ducal de Venecia, Italia

Una pequeña muestra furtiva de la Cámara del Gran Consejo

Me resultó curioso leer que el duque, máxima autoridad de Venecia, elegido entre las familias adineradas de la ciudad, gozase de tanto poder pero a la vez estuviese subyugado a tantas restricciones impuestas por el Gran Consejo.

Por ejemplo, el “gran duque” no podía salir de los límites del palacio; es decir, este personaje tan “importante” ¡vivía en una prisión! Eso sí, una de lujo y ostentación, pero en una prisión al fin y al cabo.

Y hablando de prisiones, bajo el Palacio Ducal se escondían los calabozos, la prisión de la ciudad; corredores repletos de pequeñas habitaciones frías, húmedas y oscuras donde pasar el invierno debía ser un castigo mortal. Es en esta zona donde encontramos el famoso Puente de los Suspiros (hermoso por fuera, no tanto por dentro) por donde se supone pasaban los prisioneros y tenían el último contacto con su preciado mar, símbolo de su libertad. Aunque esta aseveración no deje de ser una leyenda, no es por ello menos romántica, ¿no creen?

El famoso Puente de los Suspiros de Venecia, Italia

El famoso Puente de los Suspiros

Detalle de los calabozos del Palacio Ducal de Venecia, Italia

Detalle de los calabozos del Palacio Ducal de Venecia

El pensar que algunos de los prisioneros llegaban allí gracias al sistema de denuncia anónima que utilizaban las cortes de justicia, me causa angustia. Este estaba conformado por buzones de acusación, distribuidos por diferentes sitios y en los que el denunciante depositaba una carta imputando cargos de traición o corrupción sobre otra persona. El acusado era buscado, llevado al palacio ducal, juzgado y en algunas ocasiones condenado, todo en el más cuidado sigilo.

Presentando una denuncia anónima en los buzones de acusación del Palacio Ducal de Venecia, Italia

¿A quién estará acusando Carlos?

Hay un tour a las habitaciones secretas del palacio, esas que se esconden tras armarios y por donde transcurría la vida oculta, la vida no tan romántica de Venecia, donde el poder se paseaba a sus anchas. Lastimosamente no pudimos hacerlo porque estaban agotadas las entradas para ese día, pero queda pendiente, junto con muchas otras cosas, para una nueva visita, que confío será pronto.

Al salir del palacio, el cielo continuaba gris, el aire seguía cargado y la brisa fría nos helaba, y sí, unos minutos más tarde el augurio se volvió realidad porque un día más fuimos testigos de la lluvia en la Meravigliosa Venecia. Eso sí, ahora contentos y satisfechos por haber realizado aquella visita, ya no veíamos a la lluvia como un obstáculo, sino como lo que es, el elemento catalizador que libera encanto y misterio sobre aquella maravillosa ciudad.

Un pensamiento sobre “Mi día en el Palacio Ducal de Venecia

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