El perro viajante

Tras los pasos de “La Primavera”…de visita en Florencia

Durante la Semana Santa pasamos unos días maravillosos visitando Italia, la tierra de la moda, la pizza y por supuesto, del Renacimiento, siendo las ciudades elegidas Florencia y Venecia.

Mi grupo de viaje empezó el recorrido el lunes en Firenze, la ciudad que vio nacer a personajes tan ilustres como Dante o Nicolás Maquiavelo, mientras que yo me uní unos días más tarde, con el tiempo justo para pasear por la ciudad y quedarme con ganas de más.

Estatua de Dante en la Galería de los Oficios

Estatua de Dante en la Galería de los Oficios

Como es de esperar, me perdí algunas de las visitas obligadas de esta antigua capital italiana, como:

  • Santa María del Fiore o Duomo, la Catedral de la ciudad, excepcional por su colorido exterior, que con singular armonía mezcla piezas de mármol en tonos blanco, verde y rosa que dotan al conjunto de luminosidad, pureza y paz.
  • La maravillosa obra de arte que en sí constituye su cúpula de diseño octogonal,  obra del maestro Filippo Brunelleschi y pintada por Giorgio Vasari y Federico Zuccari donde se representan vívidas escenas del Juicio Final.
  • Su campanile (campanario) diseñado por Giotto, que con sus 82 metros de altura ofrece vistas excepcionales de la ciudad y de la propia catedral.
  • La visión del famoso David de Miguel Ángel, cinco metros de altura en mármol macizo, que representa en actitud pensativa al rey bíblico David poco antes de su enfrentamiento con el gigante Goliat. Diseñado originalmente para decorar la catedral, hoy descansa en la Galleria dell’Accademia, aunque para mi ventura en la Piazza della Signoria encontramos una réplica.
  • El Palazzo Vecchio, ubicado en el corazón de la ciudad, fue la sede del poder de la República Florentina  y posterior residencia de los Médici.
Fachada de Santa Maria del Fiore

Fachada de Santa Maria del Fiore

Exterior de la cúpula del Duomo de Florencia

Exterior de la cúpula del Duomo de Florencia

Interior de la cúpula del Duomo de Florencia

Interior de la cúpula del Duomo de Florencia

Detalle del interior de la cúpula del Duomo de Florencia

Detalle del interior de la cúpula del Duomo de Florencia

Campanario de Santa Maria dei Fiore visto desde la cúpula

Campanario de Santa Maria dei Fiore visto desde la cúpula

Palazzo Vecchio

Palazzo Vecchio

En fin, perderme todo esto es una buena excusa para volver, ¿no creen?

Uno de los “platos fuertes” de Florencia que sí degusté fue la Galería de los Oficios (Galleria degli Uffizi), palacio construido para albergar las oficinas de las magistraturas florentinas cuando el Palazzo Vecchio se quedó pequeño y que hoy en día acoge la impresionante colección de obras de arte que la familia Médici reunió durante sus años de esplendor.

Consejos del perro viajanteAl ser una de las mayores atracciones turísticas de Florencia, durante la temporada alta los tiempos de espera para la compra de entradas y el acceso al recinto pueden parecer interminables. Una buena práctica es adquirirlas con antelación a través de http://www.firenzemusei.it/. Cuesta 4€ más por entrada, pero  merece la pena, porque cuando se tiene poco tiempo para visitar un sitio, ¡cada minuto cuenta!

De arte sé más bien poco, pero siempre encuentro enriquecedor visitar una iglesia, un museo o una pinacoteca. Maravillarme con los tesoros que sus paredes custodian es simplemente un regalo, por lo que recorrer una galería de esta envergadura me hacía muchísima ilusión.

Exterior de la Galería de los Oficios

Exterior de la Galería de los Oficios

Sus 17,000 m2 repartidos en dos plantas albergan obras datadas entre los siglos I a.C. y XVIII, destacando las del Duecento y Trecento como las madonas de Cimabue, Duccio y Giotto u obras de arte tan emblemáticas como “La Primavera” y “El Nacimiento de Venus” ambas del pintor florentino Sandro Botticelli.  Lastimosamente no pudimos hacer fotos dentro por lo que en el nombre de cada obra puse un enlace a su respectiva imagen en Wikimedia.

La Primavera, pintada entre 1477 y 1478 presenta en el centro de la composición a Venus, símbolo de belleza, fuerza creadora, fuerza de la naturaleza, sobre quien revolotea Cupido, dios del amor. A su derecha, encontramos a Céfiro, uno de los vientos, que con afán y deseo persigue a Cloris. La nifa, al verse atrapada, empieza a expulsar por la boca hermosos brotes dando origen a Flora, diosa de la vegetación y de las flores. La escena que se desarrolla al otro lado de la tabla muestra a las Gracias, siervas de Venus, que con sus ropajes semitransparentes, danzan airosas en un corro, sin advertir la presencia de Cupido que desde el cielo apunta a ellas una de sus flechas. En el extremo izquierdo de la pintura, encontramos a Hermes o Mercurio, mensajero de los dioses, que extiende delicadamente su brazo hacia los árboles a modo de nexo entre el cielo y la tierra.

El Nacimiento de Venus (1482-1484), divide la acción a manera de un triángulo en cuyo vértice aparece Venus, delicada, dulce, altiva, hermosa, a su llegada a una playa sobre una concha (se presume que esta playa puede pertenecer a una isla como Chipre, Pafos o Citerea, que históricamente se le consagran). En la diagonal izquierda aparece el viento Céfiro, rodeado de flores, que con su brazo izquierdo sujeta a la ninfa Cloris y con su aliento empuja a Venus para sacarla del mar. Si desviamos la vista hacia la derecha, nos encontramos con la ninfa Hora, que en actitud delicada lleva el manto que cubrirá a la diosa.

Pasé en esta sala todo el tiempo que el ir y venir de turistas me permitió, embelesada, casi hipnotizada con la perfección de ambos lienzos, sobre todo del segundo, donde a mi parecer destacan el rostro sereno, hermoso, apasible de la diosa, enmarcado por sus preciosos cabellos dorados que caprichosamente se balancean al ritmo de la brisa del mar.

De más está decir que disfruté de principio a fin de las tres horas que pasamos en esta imponente galería de arte, que por supuesto recomiendo visitar.

Entrada al Ristorante del Fagioli

Entrada al Ristorante del Fagioli

Al salir, nos encontramos con que la tarde empezaba a caer y la fatiga daba sus primeras señales de vida, por lo que sin pensarlo dos veces pusimos rumbo hacia Il Fagioli, un restaurante de comida toscana del cual habíamos leído buenas referencias.

Un sitio pequeño, acogedor y muy popular -de hecho casi nos quedamos sin comer porque no teníamos reserva-, donde tanto la atención como la comida fueron exquisitos. Yo probé una sopa tradicional de la región hecha a base de verduras y pan llamada ribollita y unos gnocchi de zapallo que resultaron espectaculares.

Un buen plato de ribollita

Un buen plato de ribollita

Gnocchi de zapallo

Gnocchi de zapallo

Evidentemente no podía irme de Florencia sin oir el susurro del río Arno, inundar mis sentidos con la historia que mana del Ponte Vecchio o vagar por la Piazza della Signoria,   por lo cual dedicamos la noche a pasear y pasear.

Vista nocturna del Ponte Vecchio con el río Arno corriendo a sus pies

Vista nocturna del Ponte Vecchio con el río Arno corriendo a sus pies

Atardecer sobre el Ponte Vecchio

Atardecer sobre el Ponte Vecchio

A pesar de que esa hora todas las joyerías y comercios tradicionales que pueblan las márgenes del Puente Viejo estaban cerrados, seguían siendo testigos de la marea de turistas que subía y bajaba, que contemplaba y que se amparaba de la lluvia bajo sus techos. Allí nos detuvimos nosotros, tres turistas más, viendo, oyendo, sintiendo, saboreando  esta estampa florentina.

A medida que nos acercábamos a la Piazza della Signoria, mi atención se distrajo con dos detalles: el rugido de entusiastas que en pequeños restaurantes disfrutaba de un partido fútbol y los vendedores ambulantes que, atentos a los turistas, hacían demostraciones de los artilugios luminosos que intentaban vender. Una vez superada esta distracción me pude centrar en mi cometido: recorrer de principio a fin las formas perfectas y estilizadas de El David.

El David en la Piazza della Signoria

El David en la Piazza della Signoria

Además de su cuerpo musculoso, su rostro en tensión, su mirada escrutadora o incluso su pose inclinada, llamó mi atención el hecho de que sus proporciones no parecían ser adecuadas. Sobre todo las manos, que eran excesivamente grandes en comparación con el resto del cuerpo. Más tarde leí que esto se debe (posiblemente) al sitio para el que fue diseñada la escultura: uno de los contrafuertes de la catedral, lo que requería que sus medidas pareciesen correctas a cierta distancia y altura. Es más,  no sólo las manos son más grandes, la cabeza y el torso también lo son.

Junto a El David me encontré con una representación de Hércules y Caco, escena de uno de  sus doce trabajos: “Robar el ganado de Gerión” y clara alegoría del triunfo de la fuerza y el ingenio sobre la maldad. Saliéndome un poco del tema, me pareció interesante la historia de admiración que desencadenó en envidia y luego en odio del autor, Baccio Bandinelli para con su antiguo maestro, Miguel Ángel Dejo algún enlace en caso de que alguien quiera profundizar en el tema.

Creo que es fácil imaginar lo que quería transmitir la cúpula del poder florentino al asignar ambos temas como custodios de la entrada al Palazzo Vecchio.

Girando a mano derecha me encontré con la Logia dei Lanzi, una especie de museo al aire libre que expone esculturas de la colección de los Médici. Entre las más destacadas que encontramos en esta galería están el Perseo de Cellini y “El Rapto de las Sabinas” de Giambologna.

Perseo en la Logia dei Lanzi

Perseo triunfal sostiene la cabeza de Medusa. Logia dei Lanzi.

Estando esta logia a la intemperie, pero a la vez amparada de las inclemencias del tiempo y abierta al público las 24 horas, es a mi parecer, un sitio ideal para reunirse con los amigos. En efecto habían muchos grupos, no sé si alguno de locales o todos turistas, riendo, hablando, gritando, siendo jóvenes, rodeados por el eco de la historia y el cincel, y me llamó la atención que ninguno tocaba las tallas, es más, no había ningún grafitti, nada escrito en las paredes o sobre las esculturas. No sé si esto es producto del respecto hacia el arte o de una férrea presencia policial, aunque de esto último no me dio impresión.

Después de todo: ¿Qué les parece la afición de la familia Médici de coleccionar obras de arte del mundo? ¿Costosa? Sí. ¿Gratificante para el pueblo florentino y los que hoy en día tenemos la dicha de visitar la ciudad? Absolutamente.

Tras este paseo me fui a dormir tranquila, dando por sentado que en un futuro no muy lejano volvería a andar sobre mis pasos.

La mañana siguiente, aunque sabíamos que el tiempo era limitado, aprovechamos para visitar la Basílica de la Santa Cruz (Santa Croce), todo un símbolo del arte florentino, construído sobre las ruinas de una pequeña iglesia franciscana. Enclavada en la plaza del mismo nombre, esta basílica de fachada geométrica, nívea y sublime e interior amplio y austero, es panteón de algunas de las figuras más ilustres de la cultura italiana como Miguel Ángel Buonarroti, Galileo Galilei, Lorenzo Ghiberti o Nicolás Maquiavelo.

Fachada de la Basílica de la Santa Cruz

Fachada de la Basílica de la Santa Cruz

A vuelo de pájaro estudié el altar mayor y las famosas capillas pintadas por Giotto y sus discípulos y centré mi atención en las tumbas.

La de Miguel Ángel que desde lo alto observa cómo las personificaciones de la pintura, la escultura y la arquitectura lamentan su muerte.  La de Galileo, en cuyo centro aparece un busto de él, sosteniendo un telescopio mientras es flanqueado por alegorías de la geometría y la astronomía, mostrando ésta última un esquema de su célebre sistema heliocéntrico.

Tumba de Miguel Ángel en la Santa Croce, Florencia

Tumba de Miguel Ángel en la Santa Croce, Florencia

Tumba de Galileo en la Santa Croce, Florencia

Tumba de Galileo en la Santa Croce, Florencia

A pesar de que los restos mortales de Dante Alighieri, hijo amado de la ciudad, aunque incomprendido y desterrado en su tiempo, no reposan aquí, sí que encontramos un gran monumento en su honor, donde a mano izquierda aparece representada la patria mientras que a la derecha está la poesía que llora desconsoladamente su muerte.

Cenotafio de Dante en la Santa Croce, Florencia

Cenotafio de Dante en la Santa Croce, Florencia

Lastimosamente no pudimos quedarnos más para disfrutar como lo merecen de todas las obras de arte que decoran interior de esta basílica pues teníamos cita con un tren que partía rumbo a Venecia; la ciudad de las góndolas, los bailes de máscaras y los canales azules.

Y hasta aquí este relato de mi visita a Florencia que espero inspire a más de uno a visitar esta hermosa ciudad donde el arte y la historia van de la mano. Y en honor a uno de los  más renombrados hijos florentinos, me despido con un fragmento del Infierno de la Divina Comedia:

“Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se llega al lugar en donde moran los que no tienen salvación; la justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo a la Divina Potestad, la Suprema Sabiduría y el primer Amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”

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