Forjando nuevos recuerdos: Saint-Rémy y Chalon-sur-Saône

Estoy segura de que todos los que siguen las aventuras del perro viajante sabrán que el año pasado Carlos fue trasladado por trabajo, a un pequeño pueblito de la Borgoña francesa llamado Saint Rémy. Al principio no me gustó la idea (por el tema de la distancia), pero reconozco que me hace muy feliz saber que él se siente a gusto y bien acogido, que se está integrando perfectamente con su círculo de trabajo, que está perfeccionando un tercer idioma, que está aprendiendo cosas interesantes, y sobre todo el hecho de que en su trabajo lo hayan elegido para hacer este entrenamiento y las perspectivas de un posible aumento salarial a la vuelta.

Por mi parte, aunque me entristece mucho estar tanto tiempo separados, esta experiencia me ha ayudado a ser más independiente, a utilizar mejor mi tiempo involucrándome en otras actividades, a salir más con mis buenas amigas y a  empeñarme más en mi trabajo.

El 2011 fue un año de cambios, de visitas y de nuevas experiencias. Cambios, porque finalmente crucé el umbral de la treintena, un paso que vaticinaba complicado, pero que he llevado mejor de lo que imaginaba. Visitas, porque en abril-mayo estuvieron por aquí mis padres y mis tíos y pasamos momentos fabulosos en Madrid, Barcelona, León y Valladolid; a principios de agosto también tuve la visita de una amiga panameña y una semana más tarde llegaron la madre de Carlos y Ayax, su pareja. Con ellos re-visité Madrid, Segovia y Ávila y tomamos un fabuloso crucero por el Mediterráneo en compañía de más gente querida. Nuevas experiencias, como la partida temporal de Carlos a Francia y mis visitas esporádicas a un nuevo hogar, que por ser el de Carlos, es también el mío.

Mi primer viaje a la Borgoña fue un poco estresante; llegué al aeropuerto de Lyon Saint-Exupéry, seguí las señales para encontrar el tranvía que lleva a Lyon (Rhône Express), luego llegué al caos de un viernes por la tarde en la Gare de Lyon Part-Dieu: gente por doquier circulando en todas las direcciones, trenes con retraso, máquinas de venta de billetes estropeadas… En resumen, estrés para mi mente. Sobre las 20:00h. mi tren llegó finalmente a la estación de Chalon-sur-Saône, me apeé y allí estaba Carlos, esperándome en el andén.

Olvidados el estrés, los retrasos y el mal humor que provocan casi siete horas de viaje, salimos de la estación donde nos esperaba Víctor, el casero/compañero de trabajo de Carlos. Aunque tan solo contamos con pocos minutos, me gustó mucho tener la oportunidad de conversar con él y con su familia, y es que lo bonito de todo es que al final, aunque procedamos de culturas diferentes y no dominemos el mismo idioma siempre se encuentran puntos en común.

La mañana siguiente la dedicamos a pasear por Saint Rémy, la ciudad en flor. Yo soy fanática de los colores de la naturaleza y siempre que me encuentro con diversos matices de verde, con hojas color ocre que caen lentamente de los árboles o con una paleta de colores, olores y texturas en forma de flor, no puedo evitar acercarme y echarles un vistazo.

Flores en Saint Rémy
Flores en Saint Rémy

Saint Rémy es una ciudad de unos 6,000 habitantes donde todo es tranquilo y pintoresco y con más bellezas naturales que monumentales para ofrecer, así es que la visita turística se centró en familiarizarme con el entorno de Carlos: la lavandería, el supermercado, los bancos, el restaurante y Pont-Paron, la pequeña pero surtida plaza comercial de Saint Rémy, y en inundar mis sentidos con presencia de las macetas cargadas de flores.

Cumplida esta misión nos dispusimos a recorrer los dos kilómetros que separan la ciudad de su vecina, Chalon-sur-Saône.

Nosotros en Saint Rémy
Nosotros en Saint Rémy

Aunque pequeña comparándola con ciudades como Lyon o Madrid, esta ciudad borgoñona es considerablemente más grande que Saint Rémy. Disfrutamos de las vistas del paseo sobre el río Saona y pasamos por la plaza de Nicéphore Niépce (inventor de la fotografía e hijo de esta ciudad) cuyo museo lastimosamente no pude visitar debido a que llegamos fuera del horario de apertura. Cruzamos el río para conocer a la isla de Saint-Laurent y un poco más tarde retomamos a la margen izquierda de “La Saône” para pasar por la Place Saint-Vincent, hogar de unas fabulosas casas con armadura de madera y de la catedral del mismo nombre.

Paseo fluvial de Chalon-sur-Saône
Paseo fluvial de Chalon-sur-Saône
Monumento a Nicephore Niepce
Monumento a Nicephore Niepce
Disfrutando del buen tiempo en la plaza de la catedral
Disfrutando del buen tiempo en la plaza de la catedral

Me encantaron las floristerías y las tiendas vintage y de antigüedades que nos encontramos por el camino, así como las omnipresentes alusiones a los vinos de la Borgoña. Otro monumento curioso con el que nos topamos fue un olmo tallado llamado “l’orme de Manon”. Se trata del árbol más viejo de Chalon, en cuyas raíces se sentaba una chica llamada Manon a cantar. En 1986 la ciudad encargó a Yves Gaillard una escultura con la madera de este árbol, y el resultado es el que vemos en la foto de más abajo. Leyendas aparte, me parece un bonito homenaje a este árbol que tantos años, tanta historia y a tantas personas vio pasar.

Una muestra del arte de los floristas borgoñones
¿A que son preciosos estos arreglos?
La siempre presente uva de la Borgoña
La siempre presente uva de la Borgoña
Árbol tallado
El olmo de Manon

Después de un día bastante tranquilo, pensado más para estar juntos que para hacer turismo, volvimos a casa para prepararamos una deliciosa cena casera. El tiempo no daba para mucho pues al día siguiente nos tocaba madrugar, mi viaje de vuelta comenzaba a las 07,16h. desde la Gare de Chalon-sur-Saône.

Tras esta primera experiencia,  regresé un par de veces a Saint Rémy. Aprovechamos para visitar ciudades cercanas como Beaune (con su espectacular hospicio) y Dijon (con todo el encanto de su mostaza) , para recorrer la abadía de Fontenay y para conocer la ciudad de Lyon en medio de su fiesta mayor, la fête des lumières.

Por supuesto en estas visitas ya no me encontré con las flores ni con los días cálidos, pero Saint Rémy seguía ofreciéndome su encanto.

Como la estancia de Carlos se ha prolongado unos meses más, este año volveré, para explorar un poco más de la Borgoña, para disfrutar de su gastronomía y para poner en práctica lo aprendido en mis clases de francés. 😉

2 comentarios sobre “Forjando nuevos recuerdos: Saint-Rémy y Chalon-sur-Saône

  1. Gracias a estos sobrinos, que ni siquiera me conocen, por verdaderamente prestarme sus ojos para ver todas estas maravillas. La ultima vez que vi a Carlos Victor era un nino como de 7 a?os, flaco y muy activo que jugaba con sus primos en casa de Tia Silvia. Hoy me siento orgullosa de verlo convertido en un hombre de exito junto a su linda Natalie.
    Me encantan sus descripciones de los lugares que visitan. Sobre todo de Francia y España, países que me gustaría visitar.
    Los felicito y que sigan teniendo éxitos.
    Bendiciones!!

    1. Hola Narcisa,
      Perdona el retraso en contestar, y gracias por las felicitaciones.
      En cuanto a lo activo, no he cambiado mucho. Natalie me pregunta de dónde saco tanta energía para seguir caminando y caminando tras varios días de turismo. Por ejemplo, una vez, en Fez, Marruecos, mientras todas mis compañeras descansaban en el hotel mientras esperaban que fuera la hora de tomar el tren a Marrakech, yo me fui solo a buscar un taxi para ir al Palacio Imperial de Fez. 🙂

      Lo más difícil de un viaje es proponerse a hacerlo y decidir una fecha. Después, todo va encajando como piezas de un rompecabezas. ¡Así que anímate a venir a España y/o Francia!

      Un saludo,
      Carlos Víctor

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