Derritiéndonos en el Valle de la Muerte: ¡a 46,6ºC!

Este blog no es mi primer intento de compartir las historias de mis viajes.  Para ser exactos, he escrito algunos relatos previos que envié por email a mis padres y amigos, y en algunas ocasiones los transcribí a un medio público en Internet, como Blogger o Facebook.  Es el caso de la crónica de un viaje que hice hace tres años por el oeste de los Estados Unidos con varios amigos del mundo de Magic.  Como éste es uno de los viajes más memorables que he hecho y ya tengo una estructura preparada sobre la cual puedo basarme para volver a contarlo, tenía en mente compartirlo en una de las primeras historias del blog, aunque mi deseo de pulirlo más hizo que se retrasase.

El viaje del que hablo ocurrió en mayo del 2008, unos días antes de un torneo profesional de Magic: The Gathering, el Pro Tour-Hollywood de la temporada de ese año.  En cinco días, un checo, un griego, un belga, un español y un panameño recorrieron más de 2.500 km a través de tres estados: California, Nevada y Arizona.  Sí, ya sé que el grupo parece salido de un chiste, y de hecho casi todo el que nos preguntaba de dónde éramos se quedaba sin palabras cuando le respondíamos.  No éramos una comisión de las Naciones Unidas, sino árbitros de Magic cuyo objetivo era hacer algo de turismo antes de arbitrar en el Pro Tour.  ¿O acaso el Pro Tour era una excusa para esta aventura?  La verdad es que yo no me decidí a ir hasta que los otros cuatro me contaron los planes del road trip a través del viejo oeste.

Si 2.500 km en cinco días suena a una brutalidad, mi viaje hasta la costa oeste no fue menos cansado.  Hice un recorrido Madrid-Múnich-Londres-Mineápolis-Los Ángeles; en total, 23 horas desde que salí de mi casa hasta que aterricé en California.  Puede parecer mucho, y en ese momento definitivamente lo fue, pero la verdad es que ahora no me parece tan exagerado, habiendo realizado viajes más largos: Honolulu-Salt Lake City-Nueva York-Madrid-Milán-Roma-Sao Paulo de un solo tiro, es mi récord actual.  En el aeropuerto de Los Ángeles, mis amigos estaban esperándome en las cintas de equipaje y apenas salió mi maleta partimos en el automóvil que habían alquilado previo a mi llegada.  Esa noche dormimos en un hotel en los alrededores de la ciudad, y nos tomamos unas cuantas cervezas en la habitación mientras celebrábamos la ocasión y conversábamos sobre lo que acontecería en los próximos días.

A la mañana siguiente, la emoción de las aventuras prometidas venció el gran cansacio que inundaba nuestros cuerpos.  Rápidamente abandonamos Los Ángeles y nos dirijimos hacia Las Vegas, desviándonos un poco para pasar por el Valle de la Muerte: la mayor depresión terrestre de América del Norte, la cual desciende hasta los 85 metros bajo el nivel del mar.  Conforme nos fuimos adentrando en su territorio, este parque nacional nos mostró que su nombre no es una exageración: es un paraje inhóspito, desértico, con temperaturas extremadamente calientes.  La leyenda cuenta que fue un grupo de colonos  que atravesó el valle buscando una ruta hacia California al inicio de la fiebre del oro quienes lo bautizaron, aunque es curioso que de toda la expedición sólo murió  un integrante.  Nosotros llegamos a experimentar unos sofocantes 46,6 grados centígrados que dificultaban la respiración, y al llegar al punto más bajo al que se puede ir por carretera, Badwater, el bálsamo labial que llevaba conmigo se derritió nada más salir del automóvil.  Bastó con echar un vistazo a los charcos de agua en la superficie de este lugar para entender su nombre: el agua es imposible de beber debido a su excesiva salinidad, y el suelo alrededor de estos charcos estaba repleto de cristales que quedaron detrás cuando el agua de las lluvias se evaporó. Por supuesto, mi curiosidad no me permitió marcharme sin  antes probar que realmente esto era sal:

Probando sal en el Valle de la Muerte
Sazonándome con sal mientras me rostizo a 47 grados
Letrero de BadWater en el Valle de la Muerte, Nevada
Levemente profundo
Letrero del nivel del mar en Badwater, Valle de la Muerte
Bajo el maaaaaar...
Los charcos saturados con sales de Badwater
Llamarlo Goodwater sería algo sarcástico
Las llanuras de sal cercanas a Badwater en el Valle de la Muerte, Nevada
Llanuras de sal hasta donde llega la vista...

La parada en Badwater no duró mucho, porque el calor era agobiante, aunque el alivio que sentimos al volver al aire acondicionado del automóvil no duró mucho, pues unos 20 km  más adelante volvimos a detenernos al ver unas pequeñas colinas de colores llamativos que nos suplicaban que bajásemos y las fotografiásemos, posiblemente muriendo deshidratados en el proceso.  Sucumbimos ante el llamado de estas sirenas, y a pesar del fogaje, no pudimos resistir la curiosidad de seguir un camino que se adentraba entre las rocas, el cual nos mostró una serie de mapas indicando rutas para caminar a través de estos senderos erosionados, lo que llaman Golden Canyon. Tras explorar un poco la zona, siempre amparados bajo la sombra, llegamos a la conclusión de que hacer senderismo por allí debía ser sólo una actividad a llevarse a cabo en las horas justo antes y después del amanecer durante el invierno, lo cual no coincidía con la época del año y las horas del día en las que estábamos.

Afuera de Golden Canyon en el Valle de la Muerte, Nevada
Justo afuera de Golden Canyon
Senderismo en Golden Canyon, Valle de la Muerte, Nevada
Los senderos de Golden Canyon, a pleno sol

Posteriormente conocí las razones de este calor opresor: aparte de que se trata de una gran depresión, el Valle está ubicado entre varias cadenas montañosas que forman paredes como las de una caldera y reintroducen el aire caliente que se va escapando, haciendo que éste se caliente aún más.  Por si fuera poco, el aire que llega allí es muy seco, porque ya ha perdido casi toda la humedad a su paso por muchas otras montañas que hay entre la costa oeste y el Valle de la Muerte.  Como parte de nuestra expedición, subimos a una de las sierras que lo rodean, las Black Mountains, pues habíamos leído sobre un mirador llamado Dante’s Peak, del cual se decía que proveía una vista espléndida de toda la depresión.  Al contemplar el Valle desde ese punto, entendí que, una vez más, el nombre le caía al mirador como anillo al dedo: lo que vislumbraba desde allí parecía ser un sitio carente de toda vida, un infierno, en el cual ni siquiera podía imaginar a Flegias transportando las almas a través de la laguna Estigia.  ¿Qué almas, si allí no parecía haber vida alguna; y qué laguna, si el único indicio de agua eran las peculiares formas que adquirían los sedimentos al ser depositados en el fondo del Valle?  Y sin embargo, por muy devastado que parecía ser aquel lugar, en el fondo yo sabía que allí había vida, pues la naturaleza siempre encuentra una manera de poblar todo desierto.  Aunque mi vista no pudiese distinguirlos, los pequeños caracoles de Badwater estarían viviendo su día a día en su charca, tal y como había leído en un cartel cuando nos detuvimos allí.  Sabía que en ese inmenso mar blanco convivían reptiles, pequeños mamíferos especializados, y otras especies, a pesar de que mi cerebro se negase a creer que eso fuese posible.

Mirador de Dante's Peak en el Valle de la Muerte
¡Perded toda esperanza los que entráis!
Mirador de Dante's Peak en el Valle de la Muerte
Aquí arriba hace menos calor

Otro detalle que observé con una excelente nitidez desde esta atalaya fue una gran cantidad de abanicos aluviales.  Como  mencioné antes, aunque no pareciera que aquí existiese el agua, sí que había indicios de ella.  Estos abanicos se crean cuando las corrientes aluviales que bajan de las montañas llegan al suelo del Valle, dispersándose y depositando sedimentos en una gran extensión de suelo.  Lo cierto es que nunca los había contemplado tan claramente.

Abanico aluvial en el Valle de la Muerte
Abanico aluvial

Tras perder diez kilos de sudor, y la suela de unos zapatos, finalmente decidimos continuar nuestro camino hacia la ciudad de los vicios y del espectáculo.  El Valle de la Muerte quedó atrás en el camino, pero lo que habíamos experimentado allí estuvo muy presente en nuestras mentes, sobre todo cuando unos cuantos días después sentimos cómo caían copos de nieve sobre nosotros, y todo esto sin salir del mismo estado.  Sí, se podría decir que fue un viaje de máximos y mínimos, de contrastes.  Para mí, fue un viaje único; una experiencia que me encantaría repetir.

Cómo llegar
Los estados de California y Nevada comparten el Valle de la Muerte.  Los aeropuertos internacionales más cercanos son el Aeropuerto Internacional de Los Angeles (LAX) y el aeropuerto McCarran de Las Vegas (LAS).

La mejor manera de visitar los parques nacionales de EE.UU. es en automóvil de alquiler. La principal carretera que cruza el Valle de la Muerte es la autopista estatal 190 de California (CA 190).  La página web del Servicio de Parques Nacionales contiene información sobre las diferentes rutas que convergen en la CA 190.

Más información
La sección del Valle de la Muerte en la web Servicio de Parques Nacionales ofrece información en inglés sobre rutas de senderismo, visitas guiadas y consejos generales para los visitantes.

Wikipedia tiene un artículo en español sobre el Valle de la Muerte, junto con enlaces a otras páginas web con información.

5 comentarios sobre “Derritiéndonos en el Valle de la Muerte: ¡a 46,6ºC!

  1. yo soy de costa rica y vivi y trabaje varios anos en usa y bueno ese valle de la muerte es espectacular,, pero que calor dios mio!! recomiendo lugares como lago mono en yosemite, gran canon del colorado, niagara falls y bueno he etado en toda centroamerica y suramerica,salar uyuni,la rinconada, atacama, y los desiertos en la puna de argentina y la verdad son lugares que nunca olvidaras, mi correo: carlosluis_1967@yahoo.com

    1. Hola Carlos,
      Definitivamente, qué calor que hace en el Valle de la Muerte. Recuerdo que yo salí del carro en Badwater y apenas me bajé, el bálsamo labial que llevaba en el bolsillo se derritió completamente. Pero es un sitio impresionante, y eso que no llegué a ver muchas interesantes, como el race track.

      Lo cierto es que de los Estados Unidos, lo que más me gusta son sus parques nacionales. La majestuosidad de la naturaleza en esos rincones es simplemente cautivadora. La mayoría de las ciudades estadounidense, por otro lado, no me llaman la atención.

      ¡Un saludo hasta el país vecino del oeste!

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