Una rana, un astronauta y… ¿un sátiro comiendo helado?

Parece mentira que tras ya casi seis años viviendo en España no había dedicado siquiera un un fin de semana, un día, para visitar la bella e histórica ciudad de Salamanca.

Afortunadamente este error fue fácil de corregir y con motivo de la visita de mis padres, y sobre todo impulsada por el gran deseo de mi papá de conocer la casa de Don Miguel de Unamuno, encontré la excusa perfecta para organizar el paseo.

Salimos temprano de casa para tomar el primer tren de la mañana, e hicimos bien, porque se trata de un viaje de dos horas y media (desde Madrid) que puede parecer interminable si no se lleva buen material de lectura y algo para desayunar en el camino, como fue nuestro caso. 🙁

Una vez en Salamanca y siguiendo la muy buena recomendación del revisor del tren, en lugar de bajarnos en la estación del mismo nombre, bajamos en el apeadero de Renfe: Salamanca-Alamedilla, que nos dejó mucho más cerca del centro histórico de la ciudad.

He de admitir que el viaje fue agotador, pero que todo rastro de cansancio desapareció cuando caminando entre las calles sentimos el aroma de los hornazos que abarrotaban los escaparates de todas las panaderías y restaurantes que encontramos a nuestro paso. Esta especie de empanada, típica de la Pascua, es una de las delicias que ofrece la gastronomía salmantina.

Una vez superadas las ansias de probar tal manjar, retomamos el camino que nos condujo a la tan conocida Plaza Mayor Salmantina. Muy similar en su forma a la de Madrid y poblada de cafés y restaurantes, es un monumento en estilo barroco, digno de apreciar en detalle. Nosotros tuvimos la suerte de observarla a través de dos cristales distintos: con el cielo nublado, entre unas pocas gotas de lluvia, vacía, justo en el momento en que empezaban a nacer las terrazas de los cafés y luego, a la hora de la comida, cuando el cielo gris había sido reemplazado por uno celeste espectacular y el sol incandescente atraía a turistas y locales, a tumbarse, a relajarse, y en el caso de los niños, a corretear incansables por todo el cuadrante.

Tras el primer vistazo a la plaza, partimos en busca del siguiente punto de interés: la Casa de las Conchas. Una vez prisión universitaria, este edificio gótico decorado con vieiras o conchas de Santiago, alberga una biblioteca pública y la oficina de turismo.

Casa de las Conchas de Salamanca

Siendo el tema principal de la visita conocer la Universidad, decidimos continuar por allí, ¡y vaya que hicimos bien!, ya que ese día, por ser domingo, cerraba sus puertas a las 13:30hrs.

Quedé un poco decepcionada al saber que la casa de estudios no ofrece visitas guiadas de sus edificios históricos; aunque sé que la oficina de turismo organiza visitas que además incluyen un recorrido por toda la ciudad.

Tras una fugaz mirada a la fachada del edificio empezamos a recorrer una a una sus salas: la hermosa capilla del siglo XV; el aula dedicada a Fray Luis de León, que con sus bancos y mesas primitivos transportan al visitante a la época en que el propio religioso impartía clases; el Aula Magna o Paraninfo y el aula Don Miguel de Unamuno, dedicada a este magnífico escritor y filósofo que, siendo tres veces rector, llevó a la universidad a recuperar su gloria inicial. De camino a la segunda planta, nos encontramos con una escalera plateresca exquisitamente decorada que nos lleva ante una de las bibliotecas más antiguas de Europa, que aunque protegida por cristales, deja pasar el olor de miles de años de historia y conocimiento que se acumulan en sus estanterías.

Fachada de la Universidad de Salamanca

Lastimosamente el tiempo no alcanzó para visitar también los colegios menores y la casa museo de Unamuno, aunque viendo el lado positivo, es una buena excusa para organizar la próxima visita 😉

Al salir de la Universidad, nos encontramos de frente con la imponente fachada de la Catedral Nueva. He de decir que con motivo de la Semana Santa y de la visita de mis padres, últimamente he visitado muchas iglesias, catedrales, basílicas, y sin temor a equivocarme me atrevo a afirmar que esta es una de las más hermosas que he visto. Quedé encantada con el nivel de detalle, con la amplitud y sobre todo con la bóveda tan bien lograda que es un espectáculo merecedor de toda mi atención.

Detalle de la bóveda de la Catedral Nueva de Salamanca

Como todo monumento que se precie, el interior de la Catedral Nueva está parcialmente cubierta de andamios, hecho que se aprovecha sabiamente para recaudar un poco más, a cambio de permitir a los visitantes echar un vistazo desde arriba al imponente interior de la catedral.

Aunque el hambre ya acuciaba, estábamos encantados y decidimos no salir sin antes echar un vistazo a la Catedral Vieja. Debido al aumento en la cantidad de feligreses en la ciudad – sobre todo por la universidad -, se decidió construir una nueva catedral más acorde con el estatus creciente de la ciudad. Para nuestra fortuna, aunque se planteó la idea de destruir la primera una vez finalizadas las obras, más tarde se reconsideró la propuesta, conservándose las dos. Así, previo pago de la entrada (la visita a la Catedral Nueva es gratuita), atravesamos la puerta que separa a ambas catedrales y tras un breve vistazo al recinto nuestros ojos se posaron en el fabuloso retablo que conforma el altar de este espacio sagrado y que relata a grandes rasgos, escenas de la vida y muerte de la Virgen María y de Cristo, rematado con una magnífica representación del Juicio Final.

Retablo de la Catedral Vieja de Salamanca

Luego pasamos al museo donde visitamos la capilla de Santa Bárbara, donde antaño se celebraban los exámenes de licenciatura de la Universidad de Salamanca. Por lo que comprendí, antes de presentar el examen se realizaba una misa en la cual el alumno se encomendaba a la santa patrona y tras la cual era informado de los dos temas en los cuales se basaría su examen. Tenía 24 horas para preparar cada uno y durante este tiempo no podía salir de la pequeña capilla; incluso la comida se la pasaban a través de la roseta que decora una de las paredes. No se hace mención a sus necesidades biológicas y yo sinceramente prefiero no preguntar ;-). Pasado este tiempo, presentaba el examen ante el jurado evaluador que deliberaba y luego le comunicaba su decisión. No habían mayores castigos o glorias para los que aprobaban o suspendían, aunque el examen en sí me parece más que agotador.

Roseta por donde pasaban la comida al alumno que preparaba su examen

Tras terminar de ver el museo decidimos salir en busca de un restaurante donde reponer energías. Siguiendo el consejo de la guía Lonely Planet nos dirigimos al Mesón Cervantes, en la Plaza Mayor y lastimosamente fue una decepción. Es la primera vez que una recomendación de la guía LP no cumple mis expectativas. En fin, fue una comida para olvidar y definitivamente un sitio para no recomendar. La parte buena: la vista. Nos sentamos junto a una ventana de la segunda planta de la Plaza Mayor, desde donde pudimos apreciar la burbujeante vida de medio día de este espacio salmantino.

Una vez finalizada la comida nos quedaba poco tiempo para continuar con la visita, así es que nos decantamos por descubrir los detalles estrella de las fachadas de dos de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Si han leído un poco sobre Salamanca, supongo que ya imaginarán de qué se trata: la rana escondica en la fachada de la universidad y los “detalles añadidos” a la fachada de la Catedral Nueva.

Frente a la Universidad Civil nos dispusimos a buscar la famosa ranita. Se dice que si la encuentras sin ayuda y eres estudiante, apruebas los exámenes; que si estás en edad casadera, te casas en menos de un año; o si simplemente vienes por turismo, automáticamente ganas buena suerte y se da por descontado que en un futuro próximo regresas a la ciudad. Como estoy casada, de momento no curso estudios universitarios y no contaba con mucho tiempo, no dudé en pedir ayuda para encontrarla. Y siendo sincera, de otra forma no la habría podido encontrar, ¡es complicadísimo!

Por supuesto en este artículo no voy a dar pistas sobre su ubicación ya que no quiero arruinar la búsqueda del tesoro a algún futuro visitante, pero sí pongo una imagen de la misma para que sirva de referencia. 🙂

Rana escondida en la fachada de la Universidad de Salamanca

Para poner broche de oro a nuestra visita salmantina caminamos hacia la Plaza Anaya, donde se encuentra una de las fachadas de la Catedral Nueva y donde con cada restauración, la picardía de los maestros canteros sale a relucir, al incluir objetos modernos mimetizados entre el resto de motivos que decoran la fachada. Para muestra, dos fotos.

Astronauta en la fachada de la Catedral Nueva de Salamanca
Sátiro comiendo helado en la Catedral Nueva de Salamanca

Espero que les haya gustado la historia de mi primera visita a la ciudad de Salamanca. Un saludo y gracias por leer nuestro blog. 😉

6 comentarios sobre “Una rana, un astronauta y… ¿un sátiro comiendo helado?

  1. ayyyy natalie, qué pena lo del Cervantes, el sitio está muy bien pero para tomar unas cañas, porque los aperitivos son impresionantes… el tema de comer allí… Muy bien explicada la visita, me has hecho recordar mis tiempos de estudiante…. no entrasteis en el paraninfo de la Universidad???? allí me gradué y es precioso!! un beso y tienes razón, teneis que volver, porque Salamanca tiene mucho más con su huerto de Calixto y Melibea, el patio de escuelas, el archivo histórico…, y el tapeo que en Salamanca es espectacular, bueno que en el próximo viaje me apunto

    1. Hola Sonsoles…sí, la verdad es que me dio pena lo del restaurante, se veía bien, pero la comida nada que ver.
      Lastimosamente la visita universitaria fue muy apresurada porque no abrían por la tarde, no pudimos ver ni los colegios menores ni nada ;-(
      Defnitivamente tengo que volver y a lo mejor podemos planear un paseo de chicas de francés o algo así 😉

  2. mmmm…. lo del paseo de chicas de francés me parece una estupenda idea!!!!!! seguro que más de una se apunta!!!! y Salamanca bien merece la pena ese paseo!

  3. perdona, pero esta parte de tu relato está mal “la tan conocida Plaza Mayor Salmantina. Muy similar en su forma a la de Madrid ”

    a mi me da a entender que la plaza de Salamanca es parecida a la de Madrid y no es así, la que hay en Madrid es una copia de la Plaza Mayor de Salamanca

    espero que hayas vuelto por Salamanca que merece la pena, un abrazo

    1. Hola Alfonso,
      Muchas gracias por tu comentario.
      En realidad no era mi intención indicar cuál de las dos plazas fue construida primero, sino comentar que al ver una recordé inmediatamente a la otra y agradezco mucho tu observación.
      Lastimosamente no he tenido oportunidad de volver a Salamanca, pero estoy segura de que lo haré.
      Natalie

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