Permítame presentarle al perro viajante

Una de las partes más difíciles al empezar cualquier proyecto es ponerle nombre al mismo.  A menos que seas un genio de la creatividad, encontrar un nombre llamativo, sencillo y que transmita fácilmente el significado de tu iniciativa es muy complicado.  Por ello, cuando mi esposa Natalie y yo empezamos a planear este blog, una de las primeras cosas en la que nos enfocamos fue en el nombre que le pondríamos.  Durante varios días le dimos vueltas al asunto, sugiriendo nombres, preguntando a nuestros amigos qué les parecían y eliminando varios de ellos de la lista, hasta que al final nos decidimos por “El perro viajante”.  Un nombre un poco raro, ¿no?  Bueno, supongo que lo indicado sería iniciar el blog explicando el origen de este nombre.

Primero, un poco de información sobre mí.  Me llamo Carlos, soy un ingeniero en electrónica y comunicaciones, y soy panameño de nacimiento.  Cuando tenía seis años, por allá por el año 1987, mi madre obtuvo una beca para realizar sus estudios de doctorado en España y me mudé con toda mi familia a Madrid.

Eligiendo profesión
¡Qué lápiz tan bonito!

Dicen que los primeros años de la vida de una persona marcan su personalidad y que se ven claramente indicios de lo que será en el futuro; por ejemplo, hay una tradición en la cual a un niño de poca edad se le presenta un plato con varios objetos y el primer objeto que elija indicará su profesión futura.  Yo obviamente tomé un lápiz y un par de décadas después cumplí el vaticinio, convirtiéndome en ingeniero.  Está claro que el hecho de que mis padres fueran de áreas científicas (mi madre bióloga y mi padre ingeniero metalúrgico) tiene poca relevancia. 😉

Viví cuatro años en Madrid con mi familia; cuatro años que considero mágicos, pues a pesar de que pasamos muchas dificultades ecónomicas, yo nunca lo sentí así, y cuando me enteré de ello me impresionó todo lo que hicieron mis padres para que mi hermana y yo fuésemos felices.  En esos cuatro años aprendí muchísimas cosas en la escuela y aparte de destacar en el área de las ciencias (o bueno, en las matemáticas, ya que a los ocho años no se estudia física normalmente), empecé a desarrollar otras habilidades, como la pintura y el dibujo.  Ya por aquel entonces se veía que me iba a gustar lo de dibujar caricaturas y aunque nunca llegué a ser un Francisco Ibáñez, también llegué a tener mis propios personajes, como el perro viajante, el gato viajante, o el huevo que se lanzaba por su propia cuenta a una sartén (un poco dramático, sí).  No recuerdo exactamente cómo eran las historias del perro y el gato viajante, pero creo que viajaban adonde ningún otro animal ha llegado jamás, ni siquiera Laika, pues éstos llegaron a conocer otros planetas y otros seres.  Sí, básicamente de aquí viene el nombre del blog; pero, ¿cómo es que yo recuerdo a este personaje de dibujos de hace tantos años y por qué decidimos usarlo como título?

Es muy sencillo.  En los últimos seis años, he viajado por todo el mundo, llegando a visitar más de 30 países y a tener amigos en muchos de ellos.  Mi madre, a quien también le encanta viajar pero que por muchas razones lo ha hecho mucho menos que yo, siempre ha admirado mi facilidad para desplazarme, las historias que le cuento de mis viajes y las fotos que le muestro.  Un día me dijo que desde pequeño se notaba que yo querría ser un trotamundos, recordando aquellas historietas del perro y gato viajantes.  Yo las recordaba vagamente y probablemente las habría olvidado de no ser por que mi madre es de las más cariñosas que existen y guarda como tesoros muchos de los dibujos, manualidades y escritos que mi hermana y yo hicimos de pequeños, con lo cual en más de una ocasión me había mostrado un cuaderno donde guardaba estos relatos.  A Natalie también le contó de la existencia de las historias y se las mostró en algún momento, y de hecho fue ella quien sugirió el nombre para el blog, basándose en mis personajes “viajantes”.

En lo personal, creo que poco tiene que ver esto con mis ansias de conocer el mundo, sus habitantes y sus culturas.  Más bien creo que lo que viví en aquellos cuatro años en Madrid marcó mi infancia y a la vez me marcó a mí.  Me abrió las puertas a poder conocer la cultura española, el rico patrimonio histórico del país, sus museos y otros espacios culturales, etc.  Y además, en el año 1989, sucedió lo que creo que realmente me convirtió en un viajero empedernido.  Ese verano, mi madre planificó un viaje de un mes desde Madrid, España, hasta Brasov, Rumania.  En aquella época no existían las aerolíneas low-cost, así que hicimos todo el trayecto en tren, con escalas en Barcelona, Génova, Florencia, Roma, Venecia, Belgrado, Timisoara y Bucarest.  ¿Lo puedes imaginar?  Un niño de ocho años pasando semanas en trenes y en otras ciudades, observando cómo se comportaban y hablaban personas de múltiples nacionalidades; y llegando a conocer sitios y obras tan interesantes como la Sagrada Familia de Gaudí, el David y el Moisés de Miguel Ángel, el Foro Romano, o los canales de Venecia.  Esa experiencia es lo que, en mi mente, tiene la culpa de que hoy día no pueda pasar un mes en mi casa sin que ya esté impaciente y pensando qué otro país o qué otra ciudad podría conocer próximamente.  No obstante, debo aceptar que el hecho de que inventase de niño los personajes del perro y el gato viajante me parece una feliz coincidencia que se alinea bastante bien con unas de mis mayores pasiones actuales: el viajar.

Dicho esto, espero que sea del agrado de muchos lo que Natalie y yo publicaremos en este blog.  Mi idea principal es contar mis y nuestras historias de viaje y compartir las fotos de los mismos, puesto que la fotografía es otra de mis aficiones.  Eso no quiere decir que nos limitaremos a esto y seguro compartiremos nuestras ideas sobre muchas cosas; sólo confío que no caigamos nunca en la política ni la religión, ya que seguro que nos ganaríamos enemistades.

¡Hasta la próxima!

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7 comentarios sobre “Permítame presentarle al perro viajante

  1. Me ha encantado la idea y el desarrollo de la misma… Les haré llegar los cuentos de niño del Perro viajante, el Gato viajante y el … viajante… He disfrutado de vuestras presentaciones y las fotos, que una vez más, me transportan y permiten ver a través de vuestros ojos. ¡Gracias, por prestarmelos!

  2. No tendría que ser “El perro viajero”?

    Según la RAE:
    Viajero:
    2. m. y f. Persona que relata un viaje.

    Viajante:
    2. com. Dependiente comercial que hace viajes para negociar ventas o compras.

    Todo desde el cariño, siempre. Que está guay igual 😉

    Un besazo!

    1. Mucho cariño, sí. El suficiente para saltarse la primera acepción de ambas palabras en el diccionario de la RAE:

      viajero, ra.
      1. adj. Que viaja. Apl. a pers., u. m. c. s.

      viajante.
      1. adj. Que viaja. Apl. a pers., u. t. c. s.

      No es un perro que relata un viaje, es un perro que viaja.

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